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1. Al maestro de coro. Salmo de David

2. Líbrame, Señor, de los criminales, guárdame de los hombres que ejercen la violencia,

3. de los que en su corazón urden la maldad y provocan peleas todos los días,

4. aguzan su lengua como las serpientes, veneno de víbora tienen en sus labios.

5. Líbrame, Señor, de las manos de los criminales, guárdame de los hombres que ejercen la violencia, que proyectan mi caída;

6. los orgullosos me ponen trampas, me tienden una red y emplazan cepos a lo largo del camino.

7. Yo digo al Señor: "Tú eres mi Dios"; escucha, Señor, la voz de mi plegaria.

8. Oh Señor, Señor mío, la fuerza que me salva, tú cubres mi cabeza el día del combate.

9. No consientas, Señor, el plan de los malvados, no permitas que triunfen sus proyectos contra mí.

10. Los que me rodean alzan la cabeza; que los ahogue la malicia de sus labios,

11. que lluevan sobre ellos carbones encendidos, que se hundan en el abismo y ya no se levanten;

12. que no quede un calumniador en el país y la desgracia lleve al violento a la ruina.

13. Yo sé que el Señor hará justicia a los humildes y defenderá el derecho de los pobres.

14. Los que practican la justicia alabarán tu nombre, los que practican el derecho vivirán a tu lado.




“Por que a tentação passada deixa na alma uma certa perturbação? perguntou um penitente a Padre Pio. Ele respondeu: “Você já presenciou um tremor de terra? Quando tudo estremece a sua volta, você também é sacudido; no entanto, não necessariamente fica enterrado nos destroços!” São Padre Pio de Pietrelcina