1. A ti he elevado mis ojos, a ti que habitas en los cielos.

2. Como los ojos de los siervos se fijan en la mano de su dueño, como miran los ojos de una esclava la mano de su dueña, así miran nuestros ojos al Señor, ¿nuestro Dios, cuándo tendrá piedad de nosotros?

3. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad, porque estamos saturados de desprecios.

4. Nuestra alma está colmada de las burlas de la gente acomodada, del desprecio de los engreídos.





“Que Maria sempre enfeite sua alma com as flores e o perfume de novas virtudes e coloque a mão materna sobre sua cabeça. Fique sempre e cada vez mais perto de nossa Mãe celeste, pois ela é o mar que deve ser atravessado para se atingir as praias do esplendor eterno no reino do amanhecer.” São Padre Pio de Pietrelcina