1. Señor, te llamo, ven a mí sin demora, oye mi voz cuando te grito.

2. ¡Suba a ti mi oración como el incienso, mis manos que a ti levanto sean como la ofrenda de la tarde!

3. Pon, Señor, una guardia ante mi boca y vigila la puerta de mis labios.

4. Mi corazón no inclines a obras malas, que en negocios oscuros no me meta con los que hacen el mal. ¡No me dejes probar sus golosinas!

5. Que el justo me golpee y me corrija y el óleo de los malos no luzca en mi cabeza. mi oración denunciará siempre sus crímenes.

6. Sus jefes fueron echados desde el peñón, comprendieron entonces que hablaba con bondad;

7. cuando la tierra se abrió a sus pies, sus huesos tapizaron la entrada del infierno.

8. Adonai Señor, hacia ti vuelvo mis ojos, en ti me refugio, no expongas mi vida.

9. Protégeme del lazo que me han tendido, de las trampas de los que hacen el mal.

10. Que en sus propias redes caigan los impíos mientras que sólo a mí se me abre paso.




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“A pessoa que nunca medita é como alguém que nunca se olha no espelho e, assim, não se cuida e sai desarrumada. A pessoa que medita e dirige seus pensamentos a Deus, que é o espelho de sua alma, procura conhecer seus defeitos, tenta corrigi-los, modera seus impulsos e põe em ordem sua consciência.” São Padre Pio de Pietrelcina