2. Señor, no me reprendas en tu ira, ni me castigues si estás enojado.

3. Ten compasión de mí que estoy sin fuerzas; sáname pues no puedo sostenerme.

4. Aquí estoy sumamente perturbado, y tú, Señor, ¿hasta cuándo?...

5. Vuélvete a mí, Señor, salva mi vida, y líbrame por tu gran compasión.

6. Pues, ¿quién se acordará de ti entre los muertos? ¿Quién te alabará donde reina la muerte?

7. Extenuado estoy de tanto gemir, cada noche empapo mi cama y con mis lágrimas inundo mi lecho.

8. Mis ojos se consumen de tristeza, he envejecido al ver tantos enemigos.

9. Aléjense de mí, ustedes malvados, porque el Señor oyó la voz de mi llanto.

10. El Señor atendió mi súplica, el Señor recogió mi oración.

11. ¡Que todos mis contrarios se confundan, y no puedan reponerse, que en un instante se corran, llenos de vergüenza!





“Não queremos aceitar o fato de que o sofrimento é necessário para nossa alma e de que a cruz deve ser o nosso pão cotidiano. Assim como o corpo precisa ser nutrido, também a alma precisa da cruz, dia a dia, para purificá-la e desapegá-la das coisas terrenas. Não queremos entender que Deus não quer e não pode salvar-nos nem santificar-nos sem a cruz. Quanto mais Ele chama uma alma a Si, mais a santifica por meio da cruz.” São Padre Pio de Pietrelcina