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Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, (Hechos 2, 34)
Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». (Hechos 2, 36)
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. (Hechos 2, 38)
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. (Hechos 2, 41)
Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. (Hechos 2, 42)
Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. (Hechos 2, 43)
Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: (Hechos 2, 44)
vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. (Hechos 2, 45)
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; (Hechos 2, 46)
ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. (Hechos 2, 47)
El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. (Hechos 3, 5)
Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina». (Hechos 3, 6)