Talált 24281 Eredmények: Re
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. (Hechos 2, 2)
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. (Hechos 2, 3)
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. (Hechos 2, 4)
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. (Hechos 2, 6)
Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? (Hechos 2, 7)
en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, (Hechos 2, 10)
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». (Hechos 2, 11)
Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. (Hechos 2, 14)
Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana, (Hechos 2, 15)
En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. (Hechos 2, 17)
Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. (Hechos 2, 18)
Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. (Hechos 2, 19)