Mosaico decorativo

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  • De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. (Hechos 2, 2)

  • Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. (Hechos 2, 3)

  • Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. (Hechos 2, 4)

  • Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. (Hechos 2, 6)

  • Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? (Hechos 2, 7)

  • en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, (Hechos 2, 10)

  • judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». (Hechos 2, 11)

  • Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. (Hechos 2, 14)

  • Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana, (Hechos 2, 15)

  • En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. (Hechos 2, 17)

  • Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. (Hechos 2, 18)

  • Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. (Hechos 2, 19)


"Na igreja se fala somente com Deus." São Padre Pio de Pietrelcina