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Las doce puertas eran doce perlas y cada puerta estaba hecha con una perla enteriza. La plaza de la Ciudad era de oro puro, transparente como el cristal. (Apocalipsis 21, 21)
Las naciones caminarán a su luz y los reyes de la tierra le ofrecerán sus tesoros. (Apocalipsis 21, 24)
Se le entregará la riquezay el esplendor de las naciones. (Apocalipsis 21, 26)
Ya no habrá allí ninguna maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la Ciudad, y sus servidores lo adorarán. (Apocalipsis 22, 3)
Ellos contemplarán su rostro y llevarán su Nombre en la frente. (Apocalipsis 22, 4)
Tampoco existirá la noche, ni les hará falta la luz de las lámparas ni la luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y ellos reinarán por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 22, 5)
Después me dijo: «Estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. El Señor Dios que inspira a los profetas envió a su mensajero para mostrar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. (Apocalipsis 22, 6)
¡Volveré pronto! Feliz el que cumple las palabras proféticas de este Libro». (Apocalipsis 22, 7)
Soy yo, Juan, el que ha visto y escuchado todo esto. Y cuando terminé de oír y de ver, me postré a los pies del Ángel que me había mostrado todo eso, para adorarlo. (Apocalipsis 22, 8)
Y agregó: «No mantengas ocultas las palabras proféticas de este Libro porque falta poco tiempo. (Apocalipsis 22, 10)
Que el pecador siga pecando, y el que está manchado se manche más aún; que el hombre justo siga practicando la justicia, y el santo siga santificándose. (Apocalipsis 22, 11)
Pronto regresaré trayendo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras. (Apocalipsis 22, 12)