1. Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo de David.

2. Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación.

3. Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas; sáname, porque mis huesos se estremecen.

4. Mi alma está atormentada, y tú, Señor, ¿hasta cuándo...?

5. Vuélvete, Señor, rescata mi vida, sálvame por tu misericordia,

6. porque en la Muerte nadie se acuerda de ti, ¿y quién podrá alabarte en el Abismo?

7. Estoy agotado de tanto gemir: cada noche empapo mi lecho con llanto, inundo de lágrimas mi cama.

8. Mis ojos están extenuados por el pesar y envejecidos a causa de la opresión.

9. Apártense de mí todos los malvados, porque el Señor ha oído mis sollozos.

10. El Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi plegaria.

11. ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror, y en un instante retrocedan avergonzados!





“Que Maria sempre enfeite sua alma com as flores e o perfume de novas virtudes e coloque a mão materna sobre sua cabeça. Fique sempre e cada vez mais perto de nossa Mãe celeste, pois ela é o mar que deve ser atravessado para se atingir as praias do esplendor eterno no reino do amanhecer.” São Padre Pio de Pietrelcina