Mosaico decorativo

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  • Cuando Ornán vio al rey, que con sus servidores se dirigía hacia él, se adelantó y se postró ante él rostro en tierra. (II Samuel 24, 20)

  • Ornán dijo: "¿Por qué viene mi señor, el rey, a su siervo?". David respondió: "A comprarte la era y levantar en ella un altar al Señor, para que el castigo se retire del pueblo". (II Samuel 24, 21)

  • Ornán dijo a David: "Tómela mi señor, el rey, y ofrezca en ella lo que le agrade. Mira, ahí están los bueyes para el holocausto; los trillos y el yugo servirán de leña. (II Samuel 24, 22)

  • El rey respondió a Ornán: "No, yo quiero comprártelo a precio de plata. No quiero ofrecer al Señor, mi Dios, sacrificios que no me cuestan nada". Y David compró la era y los bueyes en cincuenta monedas de plata. (II Samuel 24, 24)

  • David levantó allí un altar al Señor y ofreció holocaustos y sacrificios de reconciliación. Entonces el Señor tuvo misericordia del país y retiró el castigo de Israel. (II Samuel 24, 25)

  • Cuando el rey David se hizo viejo, de edad muy avanzada, aunque lo arropaban bien, no entraba en calor. (I Reyes 1, 1)

  • Sus servidores le dijeron: "Vamos a buscar al rey una joven virgen, que le asista, le cuide y duerma con él, para que le haga entrar en calor". (I Reyes 1, 2)

  • Su padre no le había reprendido en su vida, ni le había pedido cuentas de lo que hacía. Era de aspecto muy gallardo, y había nacido después de Absalón. (I Reyes 1, 6)

  • Pero el sacerdote Sadoc y Benayas, hijo de Yehoyadá; el profeta Natán; Semeí, amigo de David; Reí y la cohorte de valientes de David, no estaban con Adonías. (I Reyes 1, 8)

  • Adonías mató ganado menor y mayor y animales cebados junto a la piedra de Zojélet, situada cerca de la fuente de Roguel, e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, servidores del monarca. (I Reyes 1, 9)

  • Pero al profeta Natán, a Benayas, a la cohorte de valientes de David y a su hermano Salomón, no los invitó. (I Reyes 1, 10)

  • Natán dijo a Betsabé, la madre de Salomón: "¿No has oído que Adonías, el hijo de Jaguit, intenta reinar sin que lo sepa David, nuestro señor? (I Reyes 1, 11)


"O Anjo de Deus não nos abandona jamais." São Padre Pio de Pietrelcina