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Haré de ellos un solo pueblo en mi tierra, en los montes de Israel; tendrán todos un solo rey y ya no serán dos naciones, dos reinos divididos. (Ezequiel 37, 22)
Habitarán la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos siempre. David, mi siervo, será su príncipe eternamente. (Ezequiel 37, 25)
Subirás, llegarás al país como un huracán, como un nubarrón que cubrirá la tierra, tú y todas tus huestes y los numerosos pueblos que están contigo. (Ezequiel 38, 9)
Iré a saquear, a pillar botín, a extender la mano sobre ruinas repobladas y sobre un pueblo congregado de entre las naciones, que está entregado a reponer el ganado y la hacienda y que habita en el corazón de la tierra. (Ezequiel 38, 12)
Subirás contra mi pueblo Israel como un nublado que cubre el país. Será al fin de los tiempos cuando yo te haga venir a mi tierra a fin de que las gentes me conozcan, al manifestar yo mi santidad en ti, oh Gog, ante sus ojos. (Ezequiel 38, 16)
Pero aquel día, cuando Gog llegue a la tierra de Israel, dice el Señor Dios, mi ira explotará (Ezequiel 38, 18)
y en mis celos, en el ímpetu de mi furor, lo aseguro: Aquel día habrá un gran temblor de tierra en el suelo de Israel. (Ezequiel 38, 19)
Temblarán ante mí los peces del mar, los pájaros del cielo, los animales del campo, todos los reptiles que serpean sobre el suelo y todos los hombres de la superficie de la tierra. (Ezequiel 38, 20)
Carne de héroes comeréis, sangre de príncipes de la tierra beberéis. Carneros, corderos, machos cabríos, terneros, pingües toros de Basán. (Ezequiel 39, 18)
Cuando yo los haga volver de entre las gentes, los recoja de la tierra de sus enemigos y manifieste en ellos mi santidad a los ojos de innumerables pueblos, (Ezequiel 39, 27)
en visiones divinas, a la tierra de Israel. Me posó sobre un monte altísimo, en cuya cima parecía que estaba edificada una ciudad mirando al mediodía. (Ezequiel 40, 2)
la gloria del Dios de Israel llegaba a la parte de oriente. Su ruido era como el ruido de una masa de agua, y la tierra resplandecía de gloria. (Ezequiel 43, 2)