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Aquel día Moab quedó derrotado bajo la mano de Israel, y la tierra estuvo en paz durante cuarenta años. (Jueces 3, 30)
Pero Yael, mujer de Jéber, tomó un clavo de la tienda y un martillo, y se acercó silenciosamente a él y le clavó en la sien el clavo, que llegó hasta la tierra. Sísara estaba profundamente dormido, agotado de cansancio, y murió. (Jueces 4, 21)
Señor, cuando tú saliste de Seír, cuando avanzaste desde los campos de Edón, la tierra tembló, se turbó el cielo, las nubes se deshicieron en agua. (Jueces 5, 4)
La tierra estuvo en paz durante cuarenta años. (Jueces 5, 32)
acampaban en su tierra, devastaban las mieses de la región hasta cerca de Gaza, y no dejaban a Israel medio alguno de subsistencia, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. (Jueces 6, 4)
Cuando llegó Gedeón, un hombre estaba contando un sueño a un compañero suyo. Decía: "He tenido un sueño: veía un pan redondo de cebada que rodaba por el campamento de los madianitas. Llegó a la tienda, chocó contra ella, le dio la vuelta y la derribó en tierra". (Jueces 7, 13)
Gedeón, hijo de Joás, murió en buena ancianidad y fue sepultado en la tumba de su padre, Joás, en Ofrá de Abiezer. (Jueces 8, 32)
Ahora bien, si habéis obrado de buena fe y con justicia al elegir por rey a Abimelec, si os habéis portado bien con Yerubaal y con su casa, si lo habéis tratado según sus méritos, (Jueces 9, 16)
si habéis obrado de buena fe y con justicia con Yerubaal y su casa en el día de hoy, entonces que Abimelec sea vuestra gloria y vosotros la suya. (Jueces 9, 19)
Gaal insistió: "Unos bajan por el ombligo de la tierra y otro bando viene por el camino de la encina de los adivinos". (Jueces 9, 37)
Jefté envió mensajeros al rey de los amonitas con esta misión: "¿Qué tienes contra mí para que vengas a hacerme la guerra en mi tierra?". (Jueces 11, 12)
El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de Jefté: "Porque Israel, cuando venía de Egipto, se apoderó de mi tierra desde el Arnón hasta el Yaboc y hasta el Jordán. Así que ahora devuélvemela pacíficamente". (Jueces 11, 13)