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Pero yo le mandé a decir: "No hay nada de lo que tú dices; son bulos inventados por ti". (Nehemías 6, 8)
Éstos son los israelitas de la provincia de Judá que regresaron del destierro de Babilonia, donde los había deportado Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y Judá, cada uno a su ciudad. (Nehemías 7, 6)
Los reseñados a continuación son los que regresaron de Tel-Mélaj, Tel-Jarsá, Querub, Addón e Imer, y no pudieron demostrar que su familia y su estirpe eran de origen israelita: (Nehemías 7, 61)
El total de la comunidad era de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas, (Nehemías 7, 66)
Para la inauguración de la muralla de Jerusalén se mandó a buscar a los levitas de todos los lugares donde habitaban para que viniesen a Jerusalén y se pudiese celebrar la inauguración con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos, al son de címbalos, arpas y cítaras. (Nehemías 12, 27)
Puse al cargo de los almacenes al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc y al levita Pedayas y, como adjunto, a Janán, hijo de Zacur y nieto de Matanías, porque eran tenidos como personas de confianza. Su misión era hacer las reparticiones entre sus hermanos. (Nehemías 13, 13)
"¡Justo eres, Señor, y justas son tus obras; la misericordia y la verdad son tus caminos, y tú eres el juez del mundo! (Tobías 3, 2)
Todos tus juicios son justos cuando decides contra mí por mis pecados y por los de mis padres, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos caminado lealmente en tu presencia. (Tobías 3, 5)
Aconséjate de persona sensata, y no desprecies los consejos útiles. (Tobías 4, 18)
Tobías fue a su casa y dijo a su padre: "He encontrado a un israelita, compatriota nuestro". Su padre le respondió: "Llámalo para que sepa a qué familia y tribu pertenece y, si es persona de confianza, para acompañarte". (Tobías 5, 9)
Tobit exclamó: "¡Dios te conserve sano y salvo, hermano! No te molestes si he querido conocer la verdad acerca de tu familia. Eres de nuestros hermanos, de buena y noble alcurnia. Conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos del gran Semayas. Íbamos juntos a Jerusalén, juntos rezábamos allí, y nunca se han descarriado. Tus hermanos son buenos, tu familia es noble. ¡Bienvenido seas!". Y (Tobías 5, 14)
"Abre el pez -le dijo el ángel-, quítale la hiel, el corazón y el hígado y guárdalos; tira las tripas. La hiel, el corazón y el hígado son medicinas excelentes". (Tobías 6, 4)