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midió, por fin, otros quinientos. Era ya un río que no podía atravesar, pues el agua había crecido y sólo se podía pasar a nado. (Ezequiel 47, 5)
Esta parte pertenecerá sólo a los sacerdotes consagrados, pertenecientes a la estirpe de Sadoc, los cuales permanecieron fieles a mi servicio y no se descarriaron al descarriarse los israelitas, como se descarriaron los levitas. (Ezequiel 48, 11)
Desde entonces el inspector siguió retirándoles su ración de comida y su vino y dándoles tan sólo legumbres. (Daniel 1, 16)
En cuanto a mí, este misterio me ha sido revelado no porque yo posea una sabiduría superior a la de todos los hombres, sino con el solo objeto de indicar la interpretación al rey y de que tú comprendieras los pensamientos de tu corazón. (Daniel 2, 30)
e hizo soplar en medio del horno como un viento fresco de rocío, y no los tocó en absoluto el fuego, ni les causó daño ni molestia alguna. (Daniel 3, 50)
Sol y luna, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo eternamente. (Daniel 3, 62)
En efecto, en Daniel, a quien el rey puso el nombre de Baltasar, se encontró un espíritu superior, una inteligencia, una intuición especial para comprender sueños, descifrar enigmas y resolver dificultades. Llamad, pues, a Daniel, que él dará la interpretación". (Daniel 5, 12)
Pero yo he oído decir que tú eres capaz de dar interpretaciones y resolver dificultades. Si logras leer el escrito y me indicas su significado, serás vestido de púrpura, llevarás al cuello un collar de oro y serás el tercero en el gobierno del reino". (Daniel 5, 16)
Al oír esto, el rey se afligió mucho y se propuso salvar a Daniel; hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarlo. (Daniel 6, 15)
Oí entonces a un santo que hablaba y a otro santo que preguntaba al que estaba hablando: ¿Hasta cuándo durará lo que anuncia la visión: el sacrificio cotidiano, la perversidad desoladora, el santuario y las milicias pisoteados? (Daniel 8, 13)
el cual consolidará el poder, aunque no por su propio valor. Será causa de desastres, tendrá éxito en su empresa, exterminará a los fuertes y al pueblo de los santos. (Daniel 8, 24)
Ahora, pues, oh Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas y, por amor de ti mismo, haz brillar tu rostro sobre tu desolado santuario. (Daniel 9, 17)