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El Señor la entregó también, con su rey, en manos de Israel, que la pasó a filo de espada con todos los que vivían en ella sin dejar un superviviente. Y trató a su rey como había tratado al de Jericó. (Josué 10, 30)
La tomaron y pasaron a filo de espada al rey y a todos los que vivían en ella y en los pueblos vecinos, exterminándolos por completo y sin dejar un superviviente, como habían hecho con Eglón. (Josué 10, 37)
La tomaron y pasaron a filo de espada al rey y a todos los que vivían allí y en los pueblos vecinos, exterminándolos por completo y sin dejar un superviviente, como habían hecho con Hebrón y Libná y sus reyes. (Josué 10, 39)
Josué conquistó toda la tierra: la montaña, el Negueb, la tierra baja y las pendientes con todos sus reyes, sin dejar ni un superviviente. Entregó al exterminio a todo ser viviente, como había mandado el Señor, Dios de Israel. (Josué 10, 40)
Sin embargo, Israel no quemó ninguna de las ciudades en ruinas edificadas sobre las colinas, a excepción de Jasor, que fue incendiada por Josué. (Josué 11, 13)
Todo el botín de estas ciudades, incluido el ganado, lo tomaron para ellos los israelitas; pero a todas las personas las pasaron a filo de espada hasta su total exterminio, sin dejar ni un superviviente. (Josué 11, 14)
Lo que el Señor había ordenado a Moisés, su siervo, Moisés se lo ordenó a Josué y Josué lo cumplió, sin dejar de hacer nada de lo que el Señor había ordenado a Moisés. (Josué 11, 15)
Porque el Señor había decretado que todas estas ciudades endureciesen su corazón para que combatiesen contra los israelitas; y los israelitas los exterminaron por completo y sin piedad, como el Señor se lo había ordenado a Moisés. (Josué 11, 20)
Los hijos de José formaban dos tribus: Manasés y Efraín. No se dio parte alguna a los levitas en la tierra, sino solamente algunas ciudades para habitar, y pastos para sus ganados y rebaños. (Josué 14, 4)
Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del Señor, me envió a Cades Barne a explorar el país, y yo le informé con toda sinceridad. (Josué 14, 7)
El territorio que tocó en suerte a la tribu de Judá, por clanes, llegaba hasta la frontera de Edón y el extremo sur del desierto de Sin. (Josué 15, 1)
se dirigía hacia el sur por la cuesta de Acrabín, pasaba por Sin y subía al sur de Cades Barne; pasaba por Jesrón, subía a Adar, desde donde se volvía hacia Carcá; (Josué 15, 3)