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Ezequías tuvo palabras de elogio para todos los levitas que se habían distinguido en el servicio del Señor. Celebraron la fiesta durante siete días, inmolando las víctimas de los sacrificios de reconciliación y cantando las alabanzas del Señor, Dios de sus padres. (II Crónicas 30, 22)
Ezequías restableció las clases de sacerdotes y de los levitas y asignó a cada uno su servicio: los holocaustos, los sacrificios de reconciliación, el servicio, la acción de gracias y la alabanza con las puertas del campamento del Señor. (II Crónicas 31, 2)
Azarías, de la familia de Sadoc y sumo sacerdote, le dijo: "Desde que vinieron a traer las ofrendas al templo del Señor, hemos comido hasta saciarnos y ha sobrado en abundancia porque el Señor ha bendecido a su pueblo; aquí está amontonado lo que sobra". (II Crónicas 31, 10)
Ezequías mandó preparar almacenes en el templo del Señor. Una vez preparados, (II Crónicas 31, 11)
Yejiel, Azazías, Najat, Asael, Yerimot, Yozabad, Eliel, Jismaquías, Májat y Benayas eran inspectores bajo la dirección de Conanías y su hermano Simeí, según las órdenes del rey Ezequías y las de Azarías, prefecto del templo. (II Crónicas 31, 13)
a todos los que iban al templo del Señor, según el estatuto diario, a prestar sus servicios según sus funciones y según sus clases con tal que estuvieran en el registro que incluía a los varones de tres años para arriba. (II Crónicas 31, 16)
En todo lo que hizo por el servicio del templo del Señor, de la ley y de los mandamientos, buscó siempre a su Dios con todo su corazón. Por eso tuvo éxito. (II Crónicas 31, 21)
y el Señor envió a un ángel, que aniquiló a todos los soldados, jefes y oficiales del campamento del rey de Asiria, el cual se vio obligado a regresar lleno de vergüenza a su tierra, donde murió asesinado a golpe de espada por sus propios hijos cuando estaba en el templo de su dios. (II Crónicas 32, 21)
Levantó altares en el templo del Señor, del que el Señor había dicho: "En Jerusalén habitará mi nombre eternamente". (II Crónicas 33, 4)
Levantó altares a todos los astros del cielo en los dos atrios del templo del Señor. (II Crónicas 33, 5)
Y hasta puso la imagen de Aserá en el templo del Señor, del que Dios había dicho a David y a Salomón, su hijo: "En este templo y en Jerusalén, elegida por mí entre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre; (II Crónicas 33, 7)
Quitó del templo del Señor los dioses extranjeros, el ídolo y todos los altares que él mismo había levantado sobre el monte del templo y en Jerusalén, y los tiró fuera de la ciudad. (II Crónicas 33, 15)