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Dicho esto, se fue. Los sacerdotes, elevando las manos al cielo, suplicaban a quien siempre se había mostrado en defensa de nuestro pueblo, diciendo: (II Macabeos 14, 34)
Al llegar allí, reunió a sus conciudadanos y, en especial, a los sacerdotes; se puso en pie ante el altar y mandó venir a los de la ciudadela. (II Macabeos 15, 31)
Con todo tu corazón teme al Señor y venera a sus sacerdotes. (Eclesiástico 7, 29)
Cuando recibía las porciones sacrificiales de manos de los sacerdotes en pie junto al fuego, rodeado de una corona de hermanos; y a su alrededor, como brotes de palmera, (Eclesiástico 50, 12)
También éstos se tambalean por el vino, y desatinan por los licores. Sacerdotes y profetas se tambalean por los licores, y el vino los domina: los licores les hacen desatinar, se tambalean como si tuvieran visiones, titubean al pronunciar sentencia. (Isaías 28, 7)
Luego mandó al mayordomo de palacio Eliaquín, al secretario Sebná y a los ancianos de los sacerdotes, vestidos de saco, donde el profeta Isaías, hijo de Amós. (Isaías 37, 2)
Y vosotros seréis llamados sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios se os denominará. Comeréis las riquezas de los pueblos y os adornaréis con su magnificencia. (Isaías 61, 6)
Y de entre ellos tomaré también para mí sacerdotes y levitas -dice el Señor-. (Isaías 66, 21)
Éstas son las palabras de Jeremías, hijo de Jelcías, de la familia de sacerdotes que habitaban en Anatot, en el territorio de Benjamín. (Jeremías 1, 1)
Yo te constituyo en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, como muro de bronce frente a todo el país: frente a los reyes de Judá, sus jefes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra. (Jeremías 1, 18)
Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está el Señor? Los intérpretes de la ley no me conocieron; los pastores se rebelaron contra mí; los profetas profetizaron tras dioses impotentes. (Jeremías 2, 8)
Como se avergüenza un ladrón al ser sorprendido, así se avergonzarán los de la casa de Israel, ellos, sus reyes y sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas, (Jeremías 2, 26)