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Cuando se sintió el hambre en Egipto, el pueblo clamó al Faraón pidiendo pan. Y el Faraón dijo a todos los egipcios: "Id a José y haced lo que él os diga". (Génesis 41, 55)
José, viendo que el hambre se había extendido por todo el país, abrió los graneros y vendía a los egipcios; el hambre se iba agravando más y más en Egipto. (Génesis 41, 56)
De todos los países venían a Egipto a comprar trigo a José, porque el hambre se había endurecido por toda la tierra. (Génesis 41, 57)
Los hijos de Israel fueron con otros a comprar grano porque había hambre en la tierra de Canaán. (Génesis 42, 5)
José nada más ver a sus hermanos los reconoció, pero fingió no conocerlos y los trató duramente. Les dijo: "¿De dónde venís?". Ellos respondieron: "De la tierra de Canaán a comprar víveres". (Génesis 42, 7)
José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron. (Génesis 42, 8)
Entonces se acordó de los sueños que había tenido referente a ellos, y les dijo: "Vosotros sois espías; habéis venido para ver los puntos débiles del país". (Génesis 42, 9)
Ellos respondieron: "¡No, señor! Tus siervos han venido a comprar víveres. (Génesis 42, 10)
Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, somos hombres de bien, tus siervos no son espías". (Génesis 42, 11)
Ellos respondieron: "Tus siervos somos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre en la tierra de Canaán; el más joven se ha quedado con nuestro padre y el otro no vive ya". (Génesis 42, 13)
José replicó: "Es como os he dicho: sois espías. (Génesis 42, 14)
Os voy a someter a esta prueba. ¡Vive el Faraón, que no saldréis de aquí hasta que venga vuestro hermano menor! (Génesis 42, 15)