Mosaico decorativo

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  • El rencor y la cólera son aborrecibles, el hombre pecador los guarda en su interior. (Eclesiástico 27, 30)

  • No hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, no hay felicidad superior al gozo del corazón. (Eclesiástico 30, 16)

  • Al espléndido anfitrión le elogian todos, y el testimonio de su generosidad será firme. (Eclesiástico 31, 23)

  • Del anfitrión tacaño se murmura en la ciudad, y la fama de su tacañería se afianzará. (Eclesiástico 31, 24)

  • En los banquetes no provoques al vecino ni te burles de él en su alegría; no le digas palabras injuriosas ni lo molestes con reclamaciones de dinero. (Eclesiástico 31, 30)

  • Habla, joven, si fuere necesario; pero a lo sumo dos veces, y si se te pregunta. (Eclesiástico 32, 7)

  • En medio de los grandes no trates de igualarte a ellos, cuando habla otro sé sobrio en palabras. (Eclesiástico 32, 9)

  • A unos los distinguió y santificó, y a otros los hizo días ordinarios. (Eclesiástico 33, 9)

  • No te excedas con nadie, y no hagas nada contrario a la justicia. (Eclesiástico 33, 30)

  • Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas; puras fantasías, como las de mujer en parto. (Eclesiástico 34, 5)

  • Mata al prójimo quien le quita el sustento, y derrama sangre quien priva de su salario al jornalero. (Eclesiástico 34, 22)

  • Apartarse del mal es cosa agradable al Señor; alejarse de la injusticia, sacrificio expiatorio. (Eclesiástico 35, 3)


"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina