Mosaico decorativo

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  • realizaste milagros y prodigios contra el Faraón, contra todos sus siervos y contra el pueblo entero de su país, porque sabías que los habían tratado con arrogancia, y te granjeaste un renombre que todavía hoy dura. (Nehemías 9, 10)

  • Y ahora, oh Dios nuestro, Dios grande, poderoso y terrible, que guardas la alianza y la misericordia, no tengas en poco todas las desgracias que han caído sobre nosotros, sobre nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes, nuestros profetas, nuestros padres y todo tu pueblo, desde la época de los reyes de Asiria hasta el presente. (Nehemías 9, 32)

  • Jefes del pueblo: Parós, Pajat, Moab, Elán, Zatú, Baní, (Nehemías 10, 15)

  • El resto del pueblo, los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los sirvientes del templo, en una palabra, todos los que se habían separado de las gentes del país para ajustarse a la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, todos los que tenían uso de razón, (Nehemías 10, 29)

  • los sacerdotes, los levitas y el pueblo regulamos también, por suertes, la aportación de la leña que cada familia, a su turno, debía suministrar cada año al templo de nuestro Dios para quemarla sobre el altar del Señor, nuestro Dios, como está escrito en la ley: (Nehemías 10, 35)

  • Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo echó a suertes para que uno de cada diez viniese a habitar en Jerusalén, la ciudad santa, quedando los otros nueve en las ciudades. (Nehemías 11, 1)

  • El pueblo bendijo a todos los que se ofrecían voluntarios para residir en Jerusalén. (Nehemías 11, 2)

  • Petajías, hijo de Mesezabel, descendiente de Zéraj, hijo de Judá, era comisario del rey para todos los asuntos del pueblo. (Nehemías 11, 24)

  • Los sacerdotes y los levitas se purificaron los primeros, y después purificaron al pueblo, las puertas y la muralla. (Nehemías 12, 30)

  • El segundo coro marchaba por la izquierda; yo los seguía con la otra mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos hasta la muralla de la plaza, (Nehemías 12, 38)

  • En aquel tiempo, leyendo el libro de Moisés en presencia del pueblo, se encontró escrito en él que los amonitas y los moabitas no debían entrar jamás a tomar parte en la comunidad de Dios, (Nehemías 13, 1)

  • La mitad de sus hijos hablaban asdodeo o la lengua de otros pueblos y no sabían hablar judío. (Nehemías 13, 24)


"O temor e a confiança devem dar as mãos e proceder como irmãos. Se nos damos conta de que temos muito temor devemos recorrer à confiança. Se confiamos excessivamente devemos ter um pouco de temor". São Padre Pio de Pietrelcina