Mosaico decorativo

Fundar 1753 Resultados para: Pueblo Hebreo

  • También para ti, Judá, hay preparada una cosecha cuando cambie la suerte de mi pueblo. (Oseas 6, 11)

  • Los habitantes de Samaría temen por el becerro de Bet-Avén; sí, su pueblo está de luto por él, y por él sus sacerdotes se lamentan porque su gloria ha desaparecido. (Oseas 10, 5)

  • surgirá la confusión en tu pueblo: todas tus fortalezas serán destruidas, como Salmán arrasó a Bet Arbel el día de la batalla, cuando la madre fue estrellada sobre sus propios hijos. (Oseas 10, 14)

  • Mi pueblo se inclina a la apostasía; gritan a lo alto, pero nadie los levanta. (Oseas 11, 7)

  • Porque un pueblo ataca a mi país, poderoso e innumerable; dientes de león son sus dientes, y tiene muelas de leona. (Joel 1, 6)

  • ¡Día de oscuridad y de tiniebla, día de nubes y de niebla espesa! Como de monte en monte va la aurora; avanza un pueblo numeroso y fuerte, como jamás ha existido y como no habrá más en los años lejanos. (Joel 2, 2)

  • Como un estrépito de carros que saltan sobre las cimas de los montes, como el crujir de la llama que devora el rastrojo: un pueblo poderoso puesto en orden de batalla. (Joel 2, 5)

  • reunid al pueblo, congregad a la comunidad, juntad a los ancianos, traed también a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el esposo su alcoba y la esposa su tálamo. (Joel 2, 16)

  • Que entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: "Perdona a tu pueblo, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio, a la burla de las gentes. ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?". (Joel 2, 17)

  • El Señor se mostró celoso de su tierra y perdonó a su pueblo. (Joel 2, 18)

  • Respondió a su pueblo: "Yo os mandaré vino, trigo y aceite; os hartaréis de ello, y no haré más de vosotros la burla de las gentes. (Joel 2, 19)

  • Comeréis hasta hartaros, y alabaréis el nombre del Señor, vuestro Dios, que ha obrado con vosotros maravillas. Nunca más mi pueblo será cubierto de vergüenza. (Joel 2, 26)


"O verdadeiro servo de Deus é aquele que usa a caridade para com seu próximo, que está decidido a fazer a vontade de Deus a todo custo, que vive em profunda humildade e simplicidade". São Padre Pio de Pietrelcina