Mosaico decorativo

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  • Ahora bien, poderoso señor, no desprecies sus palabras, sino considéralas bien, pues son verdaderas. No será castigado nuestro pueblo ni la espada podrá con ellos si no han pecado contra su Dios. (Judit 11, 10)

  • Pero para que no quedes decepcionado y fracasado, sabe que la muerte caerá sobre ellos. Están dominados por el pecado, por el que excitan la ira de su Dios cuando cometen algún despropósito. (Judit 11, 11)

  • Puesto que les faltan los víveres y el agua escasea, han decidido echar mano de sus jumentos y consumir todo lo que Dios, con sus leyes, les tiene prohibido comer. (Judit 11, 12)

  • Cuando reciban la respuesta y se pongan a hacerlo, entonces Dios los pondrá en tus manos para que acabes con ellos. (Judit 11, 15)

  • Así que yo, tu sierva, conociendo todo esto, he huido de ellos, y Dios me ha enviado para realizar contigo hazañas tales que toda la tierra, cuando las sepa, quedará estupefacta. (Judit 11, 16)

  • Porque tu sierva es devota y honra al Dios del cielo día y noche. Me quedaré contigo, señor, y saldré cada noche al valle a rezar a Dios para que me diga cuándo han cometido el pecado. (Judit 11, 17)

  • Te llevaré yo por toda la Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te sientes en el centro de ella. Tú los conducirás como ovejas sin pastor, y ni siquiera un perro ladrará contra ti. Todo esto me ha sido manifestado para que lo conocieras anticipadamente; Dios me lo ha comunicado, y me ha mandado anunciártelo". (Judit 11, 19)

  • Holofernes le dijo: "Dios ha hecho bien al enviarte por delante de tu pueblo para demostrarle que el poder está en mis manos y la ruina en los que desprecian a mi señor. (Judit 11, 22)

  • Eres muy hermosa y muy lista. Si haces lo que has dicho, tu Dios será mi Dios, vivirás en el palacio de Nabucodonosor y alcanzarás renombre en toda la tierra". (Judit 11, 23)

  • Mientras iba, rogaba al Dios de Israel que encaminase sus pasos para exaltación de los hijos de su pueblo. (Judit 12, 8)

  • Todos, grandes y pequeños, se habían ido, y no había nadie en la tienda. Judit, de pie junto a la cama, dijo interiormente: "Señor, Dios omnipotente, mira en este momento la obra de mis manos para la exaltación de Jerusalén. (Judit 13, 4)

  • Fue a la cama, le agarró la cabeza por los cabellos, y dijo: "Señor, Dios de Israel, dame ahora fuerzas". (Judit 13, 7)


"Desapegue-se daquilo que não é de Deus e não leva a Deus". São Padre Pio de Pietrelcina