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En cambio, a la comunidad de los recabitas, Jeremías les dijo: "Esto dice el Señor todopoderoso, Dios de Israel: Porque habéis obedecido la orden de vuestro padre Jonadab y, fieles a sus mandatos, habéis practicado cuanto os prescribió, (Jeremías 35, 18)
El rey Sedecías mandó a Yucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decir al profeta Jeremías: "Ruega por nosotros al Señor, nuestro Dios". (Jeremías 37, 3)
Sea como sea, favorable o adversa, nosotros escucharemos la voz del Señor, nuestro Dios, ante quien te remitimos a ti, y así seremos felices por haber escuchado la voz del Señor, nuestro Dios". (Jeremías 42, 6)
Habéis puesto en peligro vuestra propia vida al enviarme al Señor, vuestro Dios, diciendo: Ruega por nosotros al Señor, nuestro Dios, y todo cuanto te diga comunícanoslo para que lo ejecutemos, (Jeremías 42, 20)
Azarías, hijo de Maasías; Juan, hijo de Carej, y todos los hombres altivos y rebeldes dijeron a Jeremías: "Tú nos dices mentira. No ha sido el Señor, nuestro Dios, el que te ha enviado a decir: No vayáis a Egipto para vivir allí, (Jeremías 43, 2)
ha vacilado y ya está en tierra! Unos a otros se dicen: "¡En pie! Volvamos a nuestro pueblo, a nuestra patria, lejos de la espada que devora". (Jeremías 46, 16)
¿Oís? Fugitivos y escapados del país de Babilonia vienen a anunciar en Sión la venganza del Señor, nuestro Dios. (Jeremías 50, 28)
El Señor ha hecho resplandecer nuestra justicia; venid, cantemos en Sión la obra del Señor, nuestro Dios. (Jeremías 51, 10)
Se espiaban nuestros pasos, se nos cerraban nuestras plazas. Llegaba nuestro fin, cumplidos nuestros días; sí, llegaba nuestro fin. (Lamentaciones 4, 18)
El aire de nuestro aliento, el ungido del Señor, quedó preso en sus fosas; aquel que decíamos: "¡A su sombra viviremos en medio de las gentes!". (Lamentaciones 4, 20)
Huérfanos, sin padre hemos quedado; son nuestras madres como viudas. (Lamentaciones 5, 3)
El yugo a nuestro cuello, estamos oprimidos, extenuados, y no se nos da respiro. (Lamentaciones 5, 5)