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por el monte Sión, que está desolado, y en el que merodean los chacales. (Lamentaciones 5, 18)
Yo espero del eterno vuestra salvación; del santo me viene la alegría, por la misericordia que pronto llegará a vosotros de parte del eterno, vuestro salvador. (Baruc 4, 22)
Mira, vuelven tus hijos, los que viste partir; vuelven reunidos desde oriente a occidente, por la palabra del santo, alegres de la gloria de Dios. (Baruc 4, 37)
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, vuelve tus ojos hacia oriente y mira a tus hijos reunidos del oriente al occidente por la palabra del santo, alegres del recuerdo de Dios. (Baruc 5, 5)
Porque Dios ha ordenado que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel camine segura bajo la gloria de Dios. (Baruc 5, 7)
A los peñascos del monte se parecen esos dioses de madera, dorados o plateados; sus servidores quedarán avergonzados. (Baruc 6, 38)
Y la gloria del Señor se elevó, salió de la ciudad y fue a detenerse sobre el monte que está al oriente de ella. (Ezequiel 11, 23)
Esto dice el Señor Dios: "También yo tomaré la copa de un alto cedro y la plantaré; de la punta de sus ramas tomaré un ramo y lo plantaré yo mismo en un monte muy alto, (Ezequiel 17, 22)
en el monte sublime de Israel lo plantaré; echará ramas y dará frutos y se hará un magnífico cedro. Bajo él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morará a la sombra de sus ramas. (Ezequiel 17, 23)
En cuanto a vosotros, casa de Israel, esto dice el Señor Dios: ¡Servid, servid, cada uno a vuestros ídolos! Pero más tarde, sí, me escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos; (Ezequiel 20, 39)
porque en mi santo monte, en el excelso monte de Israel, dice el Señor, me servirá todo el pueblo de Israel, cuantos vivan en el país; allí aceptaré gustosamente y solicitaré vuestras ofrendas, las primicias de vuestros dones, todo lo que queráis ofrecerme. (Ezequiel 20, 40)
Como un querubín protector yo te había puesto en el monte santo de Dios y caminabas entre brasas ardientes. (Ezequiel 28, 14)