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El sumo sacerdote Eliasib y sus hermanos los sacerdotes se encargaron de construir la puerta de las Ovejas; la armaron y colocaron sus hojas. Reconstruyeron también el tramo hasta la torre de Jananel. (Nehemías 3, 1)
De la puerta de los Peces se encargaron los hijos de Hasnaá; la armaron y colocaron sus hojas, cerraduras y barras. (Nehemías 3, 3)
La puerta Vieja fue restaurada por Josadá, hijo de Paséaj, y Mesulán, hijo de Besodías; ellos armaron y colocaron sus hojas, cerraduras y barras. (Nehemías 3, 6)
A continuación Malaquías, del gremio de los orfebres, restauró hasta la casa de los sirvientes del templo y de los comerciantes, frente a la puerta de la Vigilancia y hasta la cámara alta del ángulo. (Nehemías 3, 31)
Y entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron los orfebres y los comerciantes. (Nehemías 3, 32)
diciendo en presencia de sus hermanos y de los magnates de Samaría: "¿Qué es lo que pretenden hacer esos miserables judíos? ¿Se les deberá dejar? ¿Llegarán a ofrecer sacrificios? ¿Acabarán algún día? ¿Harán revivir estas piedras calcinadas de entre los montones de escombros?". (Nehemías 3, 34)
Respondieron: "Se lo devolveremos y no reclamaremos nada; haremos lo que dices". Entonces llamé a los sacerdotes y les hice jurar que actuarían según lo dicho. (Nehemías 5, 12)
Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvay, Najún y Baaná. Número de los hombres del pueblo de Israel: (Nehemías 7, 7)
¡Tú solo, Señor, eres el único! Tú hiciste los cielos, el cielo de los cielos y todas sus estrellas, la tierra y todo cuanto encierra, los mares y todo lo que contienen; a todo ello tú le das la vida, y todos los astros del cielo te adoran. (Nehemías 9, 6)
Tú viste la aflicción de nuestros padres en Egipto y escuchaste su clamor junto al mar Rojo; (Nehemías 9, 9)
Partiste en dos mitades el mar ante ellos y lo pasaron a pie enjuto, mientras a sus perseguidores los precipitaste en el abismo, como una piedra entre aguas impetuosas. (Nehemías 9, 11)
Les diste pan del cielo para su hambre, y agua de la roca para su sed, y los mandaste que fueran a tomar posesión de la tierra que, mano en alto, habías jurado darles. (Nehemías 9, 15)