Mosaico decorativo

Fundar 1486 Resultados para: Hijos

  • De los hijos de Bebay, Zacarías, hijo de Bebay, y con él veintiocho varones. (Esdras 8, 11)

  • Y gracias a la ayuda bondadosa de nuestro Dios, nos trajeron a Serebías, un hombre prudente, descendiente de Majlí, de Leví, de Israel, con sus hijos y hermanos: dieciocho personas en total; (Esdras 8, 18)

  • nos trajeron también a Jasabías y a su hermano Isaías, descendientes de Merarí, con sus hijos respectivos: veinte personas en total; (Esdras 8, 19)

  • Ellos y sus hijos se han casado con las hijas de esas gentes mezclando la raza santa con las gentes del país, y los jefes y los magistrados han sido los primeros en incurrir en tal prevaricación". (Esdras 9, 2)

  • Por tanto, no caséis a vuestras hijas con sus hijos, ni a vuestros hijos con sus hijas; no procuréis su paz ni su prosperidad, con el fin de que podáis haceros fuertes vosotros, gozar de los bienes de este país y dejarlos en herencia a vuestros hijos para siempre. (Esdras 9, 12)

  • Hagamos ahora con nuestro Dios un pacto de despedir a todas estas mujeres extranjeras y a los hijos que hemos tenido con ellas, si así te parece a ti y a los temerosos de los mandamientos de nuestro Dios; que se cumpla la ley. (Esdras 10, 3)

  • Todos éstos se habían casado con mujeres extranjeras: las despidieron a ellas y a sus hijos. (Esdras 10, 44)

  • De la puerta de los Peces se encargaron los hijos de Hasnaá; la armaron y colocaron sus hojas, cerraduras y barras. (Nehemías 3, 3)

  • A continuación trabajó, acompañado de sus hijos, Salún, hijo de Halojés, gobernador de la otra mitad del distrito de Jerusalén. (Nehemías 3, 12)

  • Lo inspeccioné todo, me puse en pie y dije a los nobles, a los prefectos y al resto del pueblo: "¡No les tengáis miedo. Pensad en el Señor, grande y terrible, y luchad por vuestros hermanos, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas!". (Nehemías 4, 8)

  • Unos decían: "Tenemos que dar en prenda a nuestros hijos y nuestras hijas para obtener grano con que poder comer y vivir". (Nehemías 5, 2)

  • Nuestra carne es igual que la de nuestros hermanos; nuestros hijos son como los suyos; y, sin embargo, nos vemos obligados a someter nuestros hijos y nuestras hijas a la esclavitud. Algunas de nuestras hijas son ya esclavas, sin que podamos impedirlo, ya que nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros". (Nehemías 5, 5)


"Seja modesto no olhar." São Padre Pio de Pietrelcina