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El edificio estaba lleno de hombres y de mujeres. Estaban todos los jefes de los filisteos, y en la parte de arriba había unos tres mil hombres y mujeres viendo cómo se divertían con Sansón. (Jueces 16, 27)
Y gritó: "Muera yo con los filisteos". Se agarró con todas sus fuerzas, y el edificio se derrumbó sobre los jefes y sobre todo el pueblo que estaba allí. Fueron más los que mató al morir que los que había matado durante su vida. (Jueces 16, 30)
Cuando lleguéis, os encontraréis con un pueblo sin defensa. Es una región espaciosa que Dios ha puesto en vuestras manos, y en la que no falta de nada". (Jueces 18, 10)
Los jefes de todo el pueblo, todas las tribus de Israel, asistieron a la asamblea del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sabían manejar la espada. (Jueces 20, 2)
El pueblo había sido contado y, en efecto, no había ninguno de Yabés de Galaad. (Jueces 21, 9)
A la hora de comer, Booz le dijo: "Ven aquí, come de nuestra comida y moja tu pan en la vinagreta". Ella se sentó junto a los segadores, y Booz le ofreció trigo tostado. Después de comer y quedar satisfecha, recogió lo sobrante y lo guardó, (Rut 2, 14)
Después le dijo su suegra Noemí: "Hija mía, yo debo buscar tu felicidad. (Rut 3, 1)
Booz comió, bebió y se acostó muy feliz al lado del muelo de la cebada. Llegó entonces ella muy despacio, destapó sus pies y se acostó. (Rut 3, 7)
Había entonces en Israel, para ratificar las compras o cambios, el siguiente rito: uno se quitaba su zapato y lo entregaba al otro. Tal era el modo de hacer fe en Israel. (Rut 4, 7)
A Ana le daba sólo una ración, aunque él prefería a Ana; pero el Señor la había hecho estéril. (I Samuel 1, 5)
Los hartos se contratan por un poco de pan, mientras que los hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril tiene siete hijos, y la madre fecunda se marchita. (I Samuel 2, 5)
Un hombre de Dios fue a ver a Elí y le dijo: "Esto dice el Señor: Yo me manifesté claramente a la familia de tu padre, cuando estaban en Egipto, esclavos del Faraón. (I Samuel 2, 27)