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Si ese profeta ha hablado en nombre del Señor y su palabra no tiene efecto ni se cumple, entonces es cosa que no ha dicho el Señor. El profeta ha hablado por arrogancia; no lo temas. (Deuteronomio 18, 22)
No tendrá piedad de él. Alejarás de Israel todo derramamiento de sangre inocente, y serás feliz. (Deuteronomio 19, 13)
Los jefes seguirán diciendo a la tropa: ¿Hay alguien que tenga miedo y se acobarde? Que se vuelva a su casa para que no contagie la cobardía a sus hermanos. (Deuteronomio 20, 8)
Una vez que los escribas hayan terminado de hablar al pueblo, se pondrán al frente los jefes de tropa. (Deuteronomio 20, 9)
Los darás a todos al exterminio, a hititas, amorreos, cananeos, fereceos, heveos o jebuseos, tal como el Señor, tu Dios, te ha ordenado, (Deuteronomio 20, 17)
gente de aspecto feroz, que no tendrá miramientos con el anciano, ni piedad con el niño. (Deuteronomio 28, 50)
Más aún; el Señor enviará sobre ti, hasta que seas exterminado, toda clase de enfermedades y calamidades que no están escritas en el libro de la ley. (Deuteronomio 28, 61)
Así como el Señor se gozaba en haceros felices y en multiplicaros, así se gozará ahora en perderos y destruiros. Seréis exterminados de la tierra que vais a ocupar. (Deuteronomio 28, 63)
Pero hasta la fecha, el Señor no os ha dado inteligencia para entender, ojos para ver y oídos para escuchar. (Deuteronomio 29, 3)
Hoy habéis comparecido todos ante el Señor, vuestro Dios: vuestros jefes de tribu, ancianos, escribas, todos los hombres de Israel, (Deuteronomio 29, 9)
Las generaciones futuras, los hijos que después de vosotros nacerán, el extranjero venido de tierras lejanas, a la vista de las plagas y las enfermedades que el Señor enviará sobre esta tierra, gritarán: (Deuteronomio 29, 21)
Azufre, sal, tierra quemada, eso es toda su tierra. No se podrá sembrar, nada en ella germinará, ni siquiera una hierba crecerá en ella; la catástrofe será semejante a la de Sodoma, Gomorra, Adamá y Seboyín, que el Señor destruyó llevado de su ira y su furor. (Deuteronomio 29, 22)