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Permaneceréis siete días y siete noches a la entrada de la tienda de la reunión. Cumplid la orden del Señor, y no moriréis. Ésta es la orden que yo he recibido". (Levítico 8, 35)
Llevaron ante la tienda de la reunión todo lo que Moisés había mandado, y toda la comunidad se acercó y estuvo delante del Señor. (Levítico 9, 5)
Moisés dijo: "Esto es lo que el Señor ha mandado para que se os aparezca su gloria". (Levítico 9, 6)
Sus hijos le presentaron la sangre, y él, mojando su dedo, untó con ella los cuernos del altar, derramando la restante al pie del mismo. (Levítico 9, 9)
Después ofreció el holocausto, según la orden establecida. (Levítico 9, 16)
una llama que salía de la presencia del Señor consumió el holocausto y las grasas sobre el altar. Ante esta visión, todo el pueblo lanzó gritos de alegría y cayeron rostro en tierra. (Levítico 9, 24)
Moisés dijo a Aarón: "Esto era lo que había declarado el Señor cuando dijo: A los que se acercan a mí mostraré mi santidad, y al pueblo entero mostraré mi gloria". Aarón se calló. (Levítico 10, 3)
Moisés llamó a Misael y Elsafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: "Venid y llevad a vuestros hermanos lejos del santuario, fuera del campamento". (Levítico 10, 4)
Moisés dijo a Aarón, a Eleazar e Itamar, hijos de Aarón: "No os despelucéis ni rasguéis vuestras vestiduras; así no moriréis ni se encenderá la ira divina contra toda la comunidad; vuestros hermanos, toda la casa de Israel, son los que deben llorar a los que el Señor ha destruido por el fuego. (Levítico 10, 6)
"Cuando tengáis que entrar en la tienda de la reunión, no beberéis vino o bebida embriagante ni tú ni tus hijos, y no moriréis. Es ley perpetua para vuestras generaciones, (Levítico 10, 9)
Las comeréis en lugar sagrado, porque es porción reservada para ti y tus hijos de las ofrendas quemadas en honor del Señor. Ésta es la orden que yo he recibido. (Levítico 10, 13)
La pierna del tributo y el pecho del rito de presentación serán llevados junto con las grasas que han de ser quemadas, para hacer con ello el gesto de presentación delante del Señor, y luego serán para ti y tus hijos por derecho perpetuo, como lo ha ordenado el Señor". (Levítico 10, 15)