Mosaico decorativo

Fundar 1648 Resultados para: Dor

  • La altura de una columna era de nueve metros, y encima había un capitel de bronce cuya altura era de dos metros y medio; alrededor del capitel había una guirnalda con granadas, todo ello de bronce. La segunda columna era igual. (II Reyes 25, 17)

  • Cuando los jefes y el ejército se enteraron de que el rey de Babilonia había hecho gobernador a Godolías, fueron a presentarse a él en Mispá: Ismael, hijo de Netanías; Juan, hijo de Carej; Serayas, hijo de Tanjumet, el netofita; Yezanías, de Maacá, con sus hombres. (II Reyes 25, 23)

  • Hadorán, Uzal, Diclá, (I Crónicas 1, 21)

  • Penuel era padre de Guedor y Ézer, padre de Jusá. Tales son los hijos de Jur, primogénito de Éfrata, padre de Belén. (I Crónicas 4, 4)

  • la mujer de éste, que era judía, dio a luz a Yéred, padre de Guedor; a Jeber, padre de Soco, y a Yecutiel, padre de Zanóaj. Éstos son los hijos de Bitía, la hija del Faraón, esposa de Méred. (I Crónicas 4, 18)

  • Fueron desde la entrada de Guedor hasta el oriente del valle en busca de pastos para sus ganados. (I Crónicas 4, 39)

  • Los hijos de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manasés, hombres guerreros, portadores del escudo y de la espada, diestros en el manejo del arco y hábiles en el arte de la guerra, en número de 44.760, aptos para las armas, (I Crónicas 5, 18)

  • Pero fueron infieles al Dios de sus padres y adoraron a los dioses de las gentes del país que Dios había destruido ante ellos. (I Crónicas 5, 25)

  • Pertenecían también a los hijos de Manasés: Betrán, Tanac, Megido y Dor con sus respectivas aldeas. En estas ciudades residían los hijos de Josué, hijo de Israel. (I Crónicas 7, 29)

  • Guedor, Ajiá, Zequer y Miclot. (I Crónicas 8, 31)

  • Los primeros en volver a habitar en sus dominios y ciudades fueron israelitas laicos, sacerdotes, levitas y servidores del templo. (I Crónicas 9, 2)

  • Pasaban la noche en los alrededores de la casa de Dios, pues estaban encargados de custodiarla y de abrir sus puertas cada mañana. (I Crónicas 9, 27)


"Não queremos aceitar o fato de que o sofrimento é necessário para nossa alma." São Padre Pio de Pietrelcina