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Antes de morir conoció la ruina de Nínive. Vio a los cautivos llevados a Media por el rey Ciaxares. Alabó a Dios por todo lo que había hecho con los ninivitas y asirios. Pudo también alegrarse de la suerte de Nínive y bendijo a Dios por los siglos de los siglos. (Tobías 14, 15)
Pero él arrasó sus templos, taló sus bosques sagrados y destruyó todos sus dioses, para que adorasen solamente a Nabucodonosor, y todas las lenguas y todas las tribus le invocasen como dios. (Judit 3, 8)
Todos los israelitas se dirigieron fervorosamente a Dios y ayunaron rigurosamente. (Judit 4, 9)
Rodearon también el altar con sacos, y todos juntos pidieron fervorosamente al Dios de Israel que no entregase sus hijos al pillaje, que no fuesen sus mujeres arrebatadas ni sus ciudades destruidas y que el templo no fuese profanado y ultrajado por paganos. (Judit 4, 12)
Dios oyó su clamor y comprendió su angustia. El pueblo ayunaba día tras día en Judá y Jerusalén, mirando al templo del Dios omnipotente. (Judit 4, 13)
Abandonaron el culto de sus padres y adoraron al Dios del cielo, al que reconocían. Arrojados por sus padres de la presencia de sus dioses, huyeron a Mesopotamia, donde residieron largo tiempo. (Judit 5, 8)
Pero su Dios les dijo que dejasen su residencia y se instalasen en el país de Canaán, y aquí llegaron y se llenaron de oro y plata y de gran cantidad de ganados. (Judit 5, 9)
Clamaron a su Dios, y él llenó de plagas a Egipto, para las que no encontraban remedio. Los egipcios, entonces, los echaron de su tierra. (Judit 5, 12)
Pero Dios secó el mar Rojo ante ellos (Judit 5, 13)
Mientras no ofendieron a su Dios, todo les fue bien, pues estaba con ellos el Dios que aborrece la injusticia. (Judit 5, 17)
Pero cuando se apartaron del camino que Dios les había trazado, gran número pereció en numerosas batallas y fueron desterrados a tierras extrañas, el templo de Dios fue destruido y sus ciudades tomadas por los enemigos. (Judit 5, 18)
Pero cuando se convirtieron a su Dios, volvieron a posesionarse de Jerusalén, donde está su santuario, y habitaron la región montañosa, que estaba libre. (Judit 5, 19)