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A sus orillas vendrán numerosos pescadores; desde Engadí hasta Enegláyim será un tendedero de redes. Los peces serán muy abundantes, en sus diversas especies, como los peces del mar Mediterráneo. (Ezequiel 47, 10)
Por oriente: entre el Haurán, Damasco, Galaad y la tierra de Israel, será frontera el Jordán hasta el mar Muerto, hasta Tamar. Éste el límite este. (Ezequiel 47, 18)
Os la repartiréis como heredad entre vosotros y los extranjeros domiciliados en vuestro territorio que hayan engendrado hijos entre vosotros; consideraréis a éstos como ciudadanos israelitas, y con vosotros echarán suertes para obtener su parte en medio de las tribus de Israel. (Ezequiel 47, 22)
Éstos son los nombres de las tribus. Desde el extremo norte, en la dirección de Jetlón, hasta la entrada de Jamat y de Haser Enón, dejando al norte el territorio de Damasco, y a lo largo de Jamat; el territorio se extenderá desde la frontera oriental hasta la occidental: Dan, una parte. (Ezequiel 48, 1)
Limitando con Dan, desde la frontera oriental hasta la occidental: Aser, una parte. (Ezequiel 48, 2)
Los dos kilómetros y medio que quedan de la anchura de los doce y medio serán un terreno profano para la ciudad, para sus construcciones y sus pastos. La ciudad quedará en medio (Ezequiel 48, 15)
Por el lado este, dos mil doscientos cincuenta metros y tres puertas: la puerta de José, la puerta de Benjamín, la puerta de Dan. (Ezequiel 48, 32)
Entre éstos se encontraban los judíos Daniel, Ananías, Misael y Azarías. (Daniel 1, 6)
Pero el jefe de los eunucos les cambió el nombre: a Daniel le llamó Baltasar; a Ananías, Sidrac; a Misael, Misac, y a Azarías, Abdénago. (Daniel 1, 7)
Daniel tenía el propósito de no contaminarse con la comida del rey ni con el vino que él bebía, y suplicó al jefe de los eunucos que no le obligara a contaminarse. (Daniel 1, 8)
Dios concedió a Daniel favor y simpatía ante el jefe de los eunucos. (Daniel 1, 9)
Sin embargo, éste dijo a Daniel: "Temo que el rey, mi señor, que ha asignado vuestra comida y vuestra bebida, os encuentre más flacos que los jóvenes de vuestra edad, y así seáis la causa de que el rey me condene a muerte". (Daniel 1, 10)