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A los clanes levitas descendientes de Guersón se les dio, de la media tribu de Manasés, como refugio para los homicidas: Golán, en Basán, y Astarot, con sus respectivos ejidos: dos ciudades. (Josué 21, 27)
Estas ciudades comprendían la ciudad con sus ejidos de alrededor, lo mismo en todas las ciudades. (Josué 21, 42)
Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés (Josué 22, 1)
No habéis abandonado a vuestros hermanos durante mucho tiempo hasta este día, cumpliendo así fielmente el mandato del Señor, vuestro Dios. (Josué 22, 3)
Moisés había dado a la media tribu de Manasés un territorio en Basán; a la otra media se lo dio Josué en medio de sus hermanos, en Cisjordania. Y cuando Josué los envió a sus tiendas, los bendijo, (Josué 22, 7)
Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés dejaron a los israelitas en Silo, en la tierra de Canaán, para ir a la tierra de Galaad, la tierra de su heredad, donde ellos se habían establecido, según la orden que el Señor había dado por medio de Moisés. (Josué 22, 9)
Llegó a oídos de los israelitas que los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés habían levantado un altar en la frontera de Canaán, junto al Jordán, en territorio israelita; (Josué 22, 11)
Se presentaron a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés en Galaad, y les dijeron: (Josué 22, 15)
"Esto dice toda la comunidad del Señor: ¿Qué infidelidad es esta que habéis cometido contra el Dios de Israel? ¿Por qué os habéis levantado un altar en rebeldía contra el Señor? (Josué 22, 16)
Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés respondieron a los jefes israelitas: (Josué 22, 21)
Más bien hemos hecho esto por temor, pensando que el día de mañana vuestros hijos podrán decir a los nuestros: ¿Qué hay de común entre vosotros y el Señor, Dios de Israel? (Josué 22, 24)
sino para que sirva de testimonio entre nosotros y vosotros y entre nuestros descendientes después de nosotros, de que damos culto al Señor con nuestros holocaustos y nuestros sacrificios por el pecado y de reconciliación; para que el día de mañana vuestros hijos no puedan decir de los nuestros: ¡No tenéis parte en el Señor! (Josué 22, 27)