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El día que estabas frente a él, cuando los extranjeros llevaban prisionero a su ejército y los extranjeros entraban por sus puertas y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos. (Abdías 1, 11)
No te alegres del castigo de tu hermano el día de su desastre; no te alegres de la desgracia de los judíos el día de su perdición; no te burles de ellos el día de su angustia; (Abdías 1, 12)
no entres en la ciudad de mi pueblo el día de su ruina; no te alegres también tú de su desgracia el día de su ruina, ni eches mano a su riqueza el día de su ruina. (Abdías 1, 13)
No te plantes en las encrucijadas para matar a los que huyen; no entregues a sus supervivientes el día de la angustia. (Abdías 1, 14)
Porque está cerca el día del Señor para todas las naciones. Como tú has hecho, así te harán a ti; tus acciones recaerán sobre tu cabeza. (Abdías 1, 15)
El Señor hizo que un gran pez tragase a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches. (Jonás 2, 1)
Jonás se puso en marcha y se dirigió a Nínive, conforme a la orden del Señor. Nínive era una ciudad extraordinariamente grande; para recorrerla hacían falta tres días. (Jonás 3, 3)
Jonás entró en la ciudad, caminando durante una jornada y predicando así: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida". (Jonás 3, 4)
Jonás salió de la ciudad y se estableció al oriente de la misma, donde se hizo una cabaña y se sentó a su sombra hasta ver qué sucedía a la ciudad. (Jonás 4, 5)
Pero al día siguiente, al rayar el alba, el Señor mandó un gusano que picó el ricino, el cual se secó. (Jonás 4, 7)
Todo esto por la rebeldía de Jacob, por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebeldía de Jacob? ¿No es acaso Samaría? ¿Cuál es el pecado de Judá? ¿No es acaso Jerusalén? (Miqueas 1, 5)
Aquel día se contará sobre vosotros un proverbio, se cantará una elegía y se dirá: "¡Estamos totalmente arruinados! Se ha vendido la porción de mi pueblo, y nadie ya la restituye. ¡Entre los apóstatas se reparten nuestros campos!". (Miqueas 2, 4)