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Tus riquezas, tus mercancías y tus fletes, tus marineros, tus pilotos, tus calafates, tus agentes comerciales, todos los guerreros que en ti van y la multitud inmensa que transportas se hundirán en el corazón de los mares el día de tu caída. (Ezequiel 27, 27)
"Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Tu corazón se ha enorgullecido y has dicho: Un dios soy yo, en la morada de un dios habito, en medio del mar. Tú, que eres un hombre y no un dios, has equiparado tu corazón al corazón de Dios. (Ezequiel 28, 2)
por tu gran habilidad en el comercio has aumentado tus riquezas, y tu corazón se ha engreído por tu opulencia. (Ezequiel 28, 5)
Por eso, esto dice el Señor Dios: Porque has hecho tu corazón semejante al corazón de Dios, (Ezequiel 28, 6)
Te harán bajar a la fosa y morirás atravesado en el corazón del mar. (Ezequiel 28, 8)
Pues bien, esto dice el Señor Dios: Por haberse estirado en su altura levantando su copa hasta las nubes, y haberse engreído su corazón por su grandeza, (Ezequiel 31, 10)
Entristeceré el corazón de muchos pueblos cuando lleve a tus cautivos por las naciones, a tierras que no conoces. (Ezequiel 32, 9)
Vienen a ti en masa, mi pueblo se sienta delante de ti, escucha tus palabras; pero luego no las ponen en práctica, porque tienen en su boca la mentira y su corazón va tras la ganancia injusta. (Ezequiel 33, 31)
Esto dice el Señor Dios: Lo juro en el ardor de mi cólera; a los restos de las naciones, a Edón entero me dirijo, a los que se han atribuido la posesión de mi tierra, con la alegría en el corazón y el desprecio en el alma para saquearla y expoliarla. (Ezequiel 36, 5)
Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; quitaré de vuestro cuerpo el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. (Ezequiel 36, 26)
Iré a saquear, a pillar botín, a extender la mano sobre ruinas repobladas y sobre un pueblo congregado de entre las naciones, que está entregado a reponer el ganado y la hacienda y que habita en el corazón de la tierra. (Ezequiel 38, 12)
habéis introducido extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de cuerpo en mi santuario para que profanen mi templo, mientras vosotros me ofrecíais mi pan, grasa y sangre, quebrantando así mi alianza con todas vuestras monstruosidades. (Ezequiel 44, 7)