Mosaico decorativo

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  • Al cabo de un año, el ejército de Siria, penetró en Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y llevó todo el botín al rey de Damasco. (II Crónicas 24, 23)

  • La ira del Señor se encendió contra Amasías y le envió un profeta a decirle: "¿Por qué has ido a buscar a los dioses del pueblo al que ellos no pudieron librar de tus manos?". (II Crónicas 25, 15)

  • Todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y lo proclamó rey en lugar de su padre Amasías. (II Crónicas 26, 1)

  • Hizo lo que es justo a los ojos del Señor como su padre Ozías; sólo que no entró en el templo del Señor, pero el pueblo siguió corrompido. (II Crónicas 27, 2)

  • Ezequías y todo el pueblo se alegraron de lo que Dios había hecho por el pueblo, pues todo se había hecho con gran rapidez. (II Crónicas 29, 36)

  • ya que no se había podido celebrar a su debido tiempo, puesto que los sacerdotes no se habían purificado en número suficiente y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. (II Crónicas 30, 3)

  • El Señor oyó a Ezequías y perdonó al pueblo. (II Crónicas 30, 20)

  • Los sacerdotes y los levitas, de pie, dieron la bendición al pueblo. El Señor escuchó su voz, y su oración llegó hasta su santa morada en el cielo. (II Crónicas 30, 27)

  • Cuando Ezequías y sus jefes vieron tantos montones, bendijeron al Señor y a su pueblo Israel. (II Crónicas 31, 8)

  • Azarías, de la familia de Sadoc y sumo sacerdote, le dijo: "Desde que vinieron a traer las ofrendas al templo del Señor, hemos comido hasta saciarnos y ha sobrado en abundancia porque el Señor ha bendecido a su pueblo; aquí está amontonado lo que sobra". (II Crónicas 31, 10)

  • Puso jefes militares al frente del pueblo, reunió a todos en la plaza de la puerta de la ciudad y les dirigió a todos esta arenga: (II Crónicas 32, 6)

  • Con él no hay más que brazos de carne; con nosotros está el Señor, nuestro Dios, pronto a socorrernos y combatir nuestros combates". El pueblo cobró ánimo con las palabras de Ezequías, rey de Judá. (II Crónicas 32, 8)


"Para consolar uma alma na sua dor, mostre todo o bem que ela ainda pode fazer". São Padre Pio de Pietrelcina