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El rico se afana en acumular riquezas, y si descansa es para entregarse al placer. (Eclesiástico 31, 3)
El sueño saludable acompaña a un estómago moderado; se levanta pronto y está despejado. Insomnio, vómitos y retortijones esperan al hombre glotón. (Eclesiástico 31, 20)
Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato; los sueños dan alas a los tontos. (Eclesiástico 34, 1)
Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas; puras fantasías, como las de mujer en parto. (Eclesiástico 34, 5)
Porque a muchos engañaron los sueños, y cayeron los que esperaban en ellos. (Eclesiástico 34, 7)
De mañana se vuelve al Señor, su creador, con todo su corazón, y delante del altísimo derrama su súplica; abre su boca en la oración y pide perdón de sus pecados. (Eclesiástico 39, 5)
Es como caña que crece junto a las aguas y a la orilla de los ríos; será arrancada antes que toda hierba. (Eclesiástico 40, 16)
En la boca del desvergonzado es dulce la mendicidad, pero es fuego que abrasa sus entrañas. (Eclesiástico 40, 30)
de obtener ganancia en la venta de mercancías, de corregir severamente a tus hijos, de azotar duramente al esclavo perezoso. (Eclesiástico 42, 5)
Él ha dispuesto con orden las maravillas de su sabiduría, porque él es desde eternidad a eternidad. Nada ha sido a ellas añadido ni quitado; él no necesita consejeros. (Eclesiástico 42, 21)
Se atiza el horno para las obras que requieren calor; el sol abrasa tres veces las montañas; exhalando vapores ardientes, lanzando brillantes rayos, deslumbra los ojos. (Eclesiástico 43, 4)
A su vista se estremecieron las montañas, (Eclesiástico 43, 16)