Fundar 4380 Resultados para: Alianza Con Dios
Aquel mismo que con arrogancia sobrehumana creía poder imperar a las olas del mar y soñaba poder pesar en su balanza las cimas de los montes, tenía que ser llevado en una litera, dando a todos testimonio evidente de la omnipotencia de Dios. (II Macabeos 9, 8)
Solamente entonces, torturado por aquellas llagas, comenzó a menguar en su extraordinaria soberbia y a darse cuenta de que aquel estado era un castigo de Dios, viendo que sus dolores aumentaban por momentos. (II Macabeos 9, 11)
No pudiendo soportar su propio hedor, dijo: "Justo es someterse a Dios; el mortal no debe igualarse a él". (II Macabeos 9, 12)
Y el malvado oraba a Dios -que no había de compadecerse de él-, y decía (II Macabeos 9, 13)
y, en fin, que se haría judío e iría por todos los lugares habitados proclamando el poder de Dios. (II Macabeos 9, 17)
Más aún; como ni así disminuían sus dolores, porque había venido sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su salud, escribió a los judíos esta carta en forma de súplica: (II Macabeos 9, 18)
Si estáis bien, junto con vuestros hijos, y se cumplen vuestros deseos, damos gracias a Dios, teniendo confianza en los cielos. (II Macabeos 9, 20)
Con la ayuda de Dios, el Macabeo y los suyos se apoderaron del templo y de la ciudad. (II Macabeos 10, 1)
Cuando los del Macabeo supieron que se iban acercando, hicieron súplicas a Dios con la cabeza cubierta de ceniza y los lomos ceñidos con cilicios. (II Macabeos 10, 25)
Prosternados ante el altar, pedían a Dios que se mostrara propicio y fuera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como está escrito en la ley. (II Macabeos 10, 26)
No se preocupaba para nada del temor de Dios, pagado y seguro como estaba con sus miríadas de soldados de infantería, sus millares de caballería y sus ochenta elefantes. (II Macabeos 11, 4)
Todos a una bendijeron a Dios misericordioso; y de tal forma cobraron ánimo y valor, que se sentían capaces de acometer no sólo a hombres, sino a fieras y aun a penetrar los muros de hierro. (II Macabeos 11, 9)