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Harto ha vivido ya mi alma con los que odian la paz. (Salmos 120, 6)
Canción de las subidas. De David. ¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahveh! (Salmos 122, 1)
Porque allí están los tronos para el juicio, los tronos de la casa de David. (Salmos 122, 5)
Canción de las subidas. De David. Si Yahveh no hubiera estado por nosotros, - que lo diga Israel - (Salmos 124, 1)
¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida, (Salmos 128, 5)
Canción de las subidas. De David. No está inflado, Yahveh, mi corazón, ni mis ojos subidos. No he tomado un camino de grandezas ni de prodigios que me vienen anchos. (Salmos 131, 1)
Canción de las subidas. Acuérdate, Yahveh, en favor de David, de todos sus desvelos, (Salmos 132, 1)
En gracia a David, tu servidor, no rechaces el rostro de tu ungido. (Salmos 132, 10)
Juró Yahveh a David, verdad que no retractará: «El fruto de tu seno asentaré en tu trono. (Salmos 132, 11)
«Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido; (Salmos 132, 17)
Canción de las subidas. De David. ¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos! (Salmos 133, 1)
Como el rocío del Hermón que baja por las alturas de Sión; allí Yahveh la bendición dispensa, la vida para siempre. (Salmos 133, 3)