Mosaico decorativo

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  • De David. Poema. ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado! (Salmos 32, 1)

  • Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. (Salmos 32, 5)

  • He. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor; (Salmos 37, 8)

  • Nun. Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan. (Salmos 37, 25)

  • porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada; (Salmos 37, 28)

  • en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado. (Salmos 37, 33)

  • Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta. (Salmos 38, 11)

  • ¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí! (Salmos 38, 22)

  • Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos; (Salmos 41, 3)

  • ¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios? (Salmos 42, 4)

  • Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios? (Salmos 42, 11)

  • Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas. (Salmos 43, 3)


"O temor e a confiança devem dar as mãos e proceder como irmãos." São Padre Pio de Pietrelcina