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¡Mi pueblo, en cambio, se ha olvidado de mí! Ellos queman incienso a la Nada y han tropezado en sus caminos, en los senderos antiguos, para ir por sendas desviadas, por un camino sin trazar. (Jeremías 18, 15)
Ellos se atreven a decir a los que desprecian la palabra del Señor: "¡Ustedes tendrán paz!". Y a los de corazón obstinado, les dicen: "¡No les sucederá nada malo!". (Jeremías 23, 17)
Aquí estoy contra los profetas que profetizan sueños engañosos -oráculo del Señor- que los cuentan y extravían a mi pueblo con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los envié ni los mandé, y que no sirven de nada para este pueblo -oráculo del Señor-. (Jeremías 23, 32)
Sedecías será llevado a Babilonia, y allí permanecerá hasta que yo me ocupe de él -oráculo del Señor-. Si ustedes combaten contra los caldeos, no conseguirán nada". (Jeremías 32, 5)
"¡Ah, Señor! Tú has hecho el cielo y la tierra con tu gran fuerza y tu brazo poderoso: para ti no hay nada imposible. (Jeremías 32, 17)
Pero cuando entraron y tomaron posesión de ella, no escucharon tu voz ni caminaron según tu Ley: no hicieron nada de lo que tú les habías mandado, y tú les enviaste toda esta desgracia. (Jeremías 32, 23)
No edifiquen casas, no siembren semillas, no planten viñas ni tengan nada de eso; habiten en carpas durante toda la vida, a fin de vivir largos días sobre el suelo donde ustedes residen como extranjeros. (Jeremías 35, 7)
El rey Sedecías respondió: "Ahí lo tienen en sus manos, porque el rey ya no puede nada contra ustedes". (Jeremías 38, 5)
El rey Sedecías mandó que le trajeran a Jeremías, el profeta, a la tercera entrada de la Casa del Señor. El rey dijo a Jeremías: "Tengo que preguntarte una cosa; no me ocultes nada". (Jeremías 38, 14)
Si los jefes se enteran de que yo hablé contigo, y vienen a decirte: ‘Infórmanos sobre lo que has dicho al rey y sobre lo que él te dijo; no nos ocultes nada y no te haremos morir’, (Jeremías 38, 25)
Sólo a los más pobres entre el pueblo, a los que no poseían nada, Nebuzaradán, comandante de la guardia, los dejó en el país de Judá, asignándoles en aquel día viñas y terrenos. (Jeremías 39, 10)
El profeta Jeremías les dijo: "De acuerdo. Voy a rogar al Señor, su Dios, como ustedes dicen, y les comunicaré todo lo que el Señor les responda, sin ocultarles nada". (Jeremías 42, 4)