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En el día 319, Lucas 17-19 presenta enseñanzas sobre el perdón, la fe, la humildad y el Reino de Dios, incluyendo milagros y parábolas que desafían el entendimiento humano. Proverbios 26:13-16 nos recuerda la importancia de actuar con diligencia y no dejarnos llevar por la pereza ni dejarnos engañar por nuestra aparente sabiduría.
1. Dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos y caïdas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás!
2. Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños.
3. Cuídense ustedes mismos. Si tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.
4. Si te ofende siete veces al día y otras tantas vuelve arrepentido y te dice: "Lo siento", perdónalo.»
5. Los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe.»
6. El Señor respondió: «Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que un granito de mostaza, dirán a ese árbol: Arráncate y plántate en el mar, y el árbol les obedecerá.
7. ¿Acaso tienen un servidor que está arando o cuidando el rebaño? Y cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen acaso: Entra y descansa?
8. ¿No le dirán más bien: Prepárame la comida y ponte el delantal para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?
9. ¿Y quién de ustedes se sentirá agradecido con él porque hizo lo que le fue mandado?
10. Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: Somos servidores que no hacíamos falta, hemos hecho lo que era nuestro deber.»
11. De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea,
12. y al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancia
13. y gritaban: «Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros.»
14. Jesús les dijo: «Vayan y preséntense a los sacerdotes.»
15. Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz,
16. y se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era un samaritano.
17. Jesús entonces preguntó: «¿No han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otros nueve?
18. ¿Así que ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?»
19. Y Jesús le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
20. Los fariseos estaban preguntando a Jesús: «¿Cuándo llegará el Reino de Dios?» Les contestó: «La venida del Reino de Dios no es cosa que se pueda verificar.
21. No van a decir: "Está aquí, o está allá". Y sepan que el Reino de Dios está en medio de ustedes.»
22. Jesús dijo además a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que ustedes desearán ver alguna de las manifestaciones del Hijo del Hombre, pero no la verán.
23. Entonces les dirán: "Está aquí, está allá." No vayan, no corran.
24. En efecto, como el fulgor del relámpago rasga el cielo desde un extremo hasta el otro, así sucederá con el Hijo del Hombre cuando llegue su día.
25. Pero antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado por esta gente.
26. En los días del Hijo del Hombre sucederá lo mismo que en tiempos de Noé:
27. la gente comía, bebía, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio que los hizo perecer a todos.
28. Ocurrirá lo mismo que en tiempos de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, plantaba y edificaba.
29. Pero el día que salió Lot de Sodoma, cayó desde el cielo una lluvia de fuego y azufre que los mató a todos.
30. Lo mismo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre.
31. Aquel día, el que esté en la terraza, que no baje a buscar sus cosas al interior de la casa; y el que esté en el campo, que no se vuelva atrás.
32. Acuérdense de la mujer de Lot.
33. El que intente guardar su vida la perderá, pero el que la entregue, la hará nacer a nueva vida.
34. Yo les declaro que aquella noche, de dos personas que estén durmiendo en una misma cama, una será llevada y la otra dejada;
35. dos mujeres estarán moliendo juntas, pero una será llevada y la otra dejada.»
36. Entonces preguntaron a Jesús: «¿Dónde sucederá eso, Señor?»
37. Y él respondió: «Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres.»
1. Jesús les mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin desanimarse jamás:
2. «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba la gente.
3. En la misma ciudad había también una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi adversario.
4. Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: Es cierto que no temo a Dios y no me importa la gente,
5. pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza.»
6. Y el Señor dijo: «¿Se han fijado en las palabras de este juez malo?
7. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a él día y noche, mientras él deja que esperen?
8. Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».
9. Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a los demás.
10. «Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano.
11. El fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano.
12. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todas mis entradas.»
13. Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador.»
14. Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
15. Le traían también niños pequeñitos para que los tocara, pero los discípulos empezaron a reprender a esas personas.
16. Jesús pidió que se los trajeran, diciendo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
17. En verdad les digo que el que no reciba el Reino de Dios como niño no entrará en él.»
18. Cierto hombre importante le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
19. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno, nadie más.
20. Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre.»
21. Pero él contestó: «Todo esto lo he cumplido ya desde joven.»
22. Al oír esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes, reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después ven y sígueme.»
23. Ante tal respuesta, el hombre se puso triste, pues era muy rico.
24. Al verlo, dijo Jesús: «¡Qué difícil es, para los que tienen riquezas, entrar en el Reino de Dios!
25. Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»
26. Los presentes dijeron: «¿Quién podrá salvarse entonces?»
27. Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.»
28. En ese momento Pedro dijo: «Ya ves que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.»
29. Jesús respondió: «Yo les aseguro que ninguno dejará casa, esposa, hermanos, padre, o hijos a causa del Reino de Dios
30. sin que reciba mucho más en el tiempo presente y, en el mundo venidero, la vida eterna.»
31. Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo: «Estamos subiendo a Jerusalén y allí se va a cumplir todo lo que escribieron los profetas sobre el Hijo del Hombre:
32. será entregado al poder extranjero; será burlado, maltratado y escupido,
33. y después de azotarlo lo matarán. Pero al tercer día resucitará.»
34. Los Doce no entendieron nada de. Este era un lenguaje misterioso para ellos y no comprendían lo que decía.
35. Ya cerca de Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna.
36. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello,
37. y le dieron la noticia: ¡Es Jesús, el nazoreo, que pasa por aquí!
38. Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
39. Los que iban delante le levantaron la voz para que se callara, pero él gritaba con más fuerza: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
40. Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajeran, y cuando tuvo al ciego cerca, le preguntó:
41. «¿Qué quieres que haga por ti?» Le respondió: «Señor, haz que vea.»
42. Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado.»
43. Al instante el ciego pudo ver. El hombre seguía a Jesús, glorificando a Dios, y toda la gente que lo presenció también bendecía a Dios.
1. Habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad.
2. Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los cobradores del impuesto y muy rico.
3. Quería ver cómo era Jesús, pero no lo conseguía en medio de tanta gente, pues era de baja estatura.
4. Entonces se adelantó corriendo y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí.
5. Cuando llegó Jesús al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa.»
6. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
7. Entonces todos empezaron a criticar y a decir: «Se ha ido a casa de un rico que es un pecador.»
8. Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más.»
9. Jesús, pues, dijo con respecto a él: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham.
10. El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»
11. Cuando Jesús estaba ya cerca de Jerusalén, dijo esta parábola, pues los que lo escuchaban creían que el Reino de Dios se iba a manifestar de un momento a otro.
12. «Un hombre de una familia noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver después.
13. Llamó a diez de sus servidores, les entregó una moneda de oro a cada uno y les dijo: «Comercien con ese dinero hasta que vuelva.»
14. Pero sus compatriotas lo odiaban y mandaron detrás de él una delegación para que dijera: «No queremos que éste sea nuestro rey.»
15. Cuando volvió, había sido nombrado rey. Mandó, pues, llamar a aquellos servidores a quienes les había entregado el dinero, para ver cuánto había ganado cada uno.
16. Se presentó el primero y dijo: «Señor, tu moneda ha producido diez más.»
17. Le contestó: «Está bien, servidor bueno; ya que fuiste fiel en cosas muy pequeñas, ahora te confío el gobierno de diez ciudades.»
18. Vino el segundo y le dijo: «Señor, tu moneda ha producido otras cinco más.»
19. El rey le contestó: «Tú también gobernarás cinco ciudades.»
20. Llegó el tercero y dijo: «Señor, aquí tienes tu moneda. La he guardado envuelta en un pañuelo
21. porque tuve miedo de ti. Yo sabía que eres un hombre muy exigente: reclamas lo que no has depositado y cosechas lo que no has sembrado.»
22. Le contestó el rey: «Por tus propias palabras te juzgo, servidor inútil. Si tú sabías que soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado,
23. ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así a mi regreso lo habría cobrado con los intereses.»
24. Y dijo el rey a los presentes: «Quítenle la moneda y dénsela al que tiene diez.»
25. «Pero, señor, le contestaron, ya tiene diez monedas.»
26. Yo les digo que a todo el que produce se le dará más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
27. En cuanto a esos enemigos míos que no me quisieron por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia.»
28. Dicho esto, Jesús pasó adelante y emprendió la subida hacia Jerusalén.
29. Cuando se acercaban a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos y les dijo:
30. «Vayan al pueblo de enfrente y al entrar en él encontrarán atado un burrito que no ha sido montado por nadie hasta ahora. Desátenlo y tráiganmelo.
31. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, contéstenle que el Señor lo necesita.»
32. Fueron los dos discípulos y hallaron todo tal como Jesús les había dicho.
33. Mientras soltaban el burrito llegaron los dueños y les preguntaron: «¿Por qué desatan ese burrito?»
34. Contestaron: «El Señor lo necesita.»
35. Trajeron entonces el burrito y le echaron sus capas encima para que Jesús se montara.
36. La gente extendía sus mantos sobre el camino a medida que iba avanzando.
37. Al acercarse a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos comenzó a alabar a Dios a gritos, con gran alegría, por todos los milagros que habían visto.
38. Decían: «¡Bendito el que viene como Rey, en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo más alto de los cielos!»
39. Algunos fariseos que se encontraban entre la gente dijeron a Jesús: «Maestro, reprende a tus discípulos.»
40. Pero él contestó: «Yo les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras.»
41. Al acercarse y viendo la ciudad, lloró por ella,
42. y dijo: «¡Si al menos en este día tú conocieras los caminos de la paz! Pero son cosas que tus ojos no pueden ver todavía.
43. Vendrán días sobre ti en que tus enemigos te cercarán de trincheras, te atacarán y te oprimirán por todos los lados.
44. Te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has reconocido el tiempo ni la visita de tu Dios.»
45. Jesús entró después en el recinto del Templo y comenzó a expulsar a los comerciantes que estaban allí actuando.
46. Les declaró: «Dios dice en la Escritura: Mi casa será casa de oración. Pero ustedes la han convertido en un refugio de ladrones.»
47. Jesús enseñaba todos los días en el Templo. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban el modo de acabar con él, al igual que las autoridades de los judíos,
48. pero no sabían qué hacer, pues todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.
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13. El flojo dice: "Hay un animal feroz en el camino! ¡Hay un león en la calle!"
14. La puerta da vuelta sobre sus goznes, y el flojo, sobre su lecho.
15. El flojo mete la mano en el plato, pero le cansa llevarla a la boca.
16. El flojo se cree más sabio que siete personas que responden bien.
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"Reflita no que escreve, pois o Senhor vai lhe pedir contas disso." São Padre Pio de Pietrelcina