Plan de lectura completo
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
En el día 158, Marcos 9-10 presenta milagros, enseñanzas sobre la humildad, el perdón y el Reino de Dios. El Salmo 29 exalta la majestad y el poder del Señor sobre la creación, recordándonos que Él es soberano sobre todas las cosas.
1. Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: algunos de los que están aquí presentes no conocerán la muerte sin que ya hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder.»
2. Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente.
3. Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas.
4. Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
5. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
6. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados.
7. En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo.»
8. Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos.
9. Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
10. Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de "resucitar de entre los muertos".
11. Entonces le preguntaron: «¿No dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?»
12. Jesús les contestó: «Ya lo sabemos: Elías viene primero y deja todo reordenado. Pero, ¿por qué dicen las Escrituras que el Hijo del Hombre sufrirá mucho y será despreciado?»
13. Yo se lo digo: Elías ya ha venido, e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como de él estaba escrito.»
14. Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su alrededor, y algunos maestros de la Ley discutían con ellos.
15. La gente quedó sorprendida al ver a Jesús, y corrieron a saludarlo.
16. El les preguntó: «¿Sobre qué discutían ustedes con ellos?»
17. Y uno del gentío le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo.
18. En cualquier momento el espíritu se apodera de él, lo tira al suelo y el niño echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran ese espíritu, pero no pudieron.»
19. Les respondió: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho.»
20. Y se lo llevaron. Apenas vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al muchacho; cayó al suelo y se revolcaba echando espuma por la boca.
21. Entonces Jesús preguntó al padre: «¿Desde cuándo le pasa esto?»
22. Le contestó: «Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo lanza al fuego y al agua para matarlo. Por eso, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.»
23. Jesús le dijo: «¿Por qué dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree.»
24. Al instante el padre gritó: «Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!»
25. Cuando Jesús vio que se amontonaba la gente, dijo al espíritu malo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno: sal del muchacho y no vuelvas a entrar en él.»
26. El espíritu malo gritó y sacudió violentamente al niño; después, dando un terrible chillido, se fue. El muchacho quedó como muerto, tanto que muchos decían que estaba muerto.
27. Pero Jesús lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse, y el muchacho se puso de pie.
28. Ya dentro de casa, sus discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu?»
29. Y él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración.»
30. Se marcharon de allí y se desplazaban por Galilea. Jesús quería que nadie lo supiera,
31. porque iba enseñando a sus discípulos. Y les decía: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir, pero tres días después de su muerte resucitará.»
32. De todos modos los discípulos no entendían lo que les hablaba, y tenían miedo de preguntarle qué quería decir.
33. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, Jesús les preguntó: «¿De qué venían discutiendo por el camino?»
34. Ellos se quedaron callados, pues habían discutido entre sí sobre quién era el más importante de todos.
35. Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos.»
36. Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
37. «El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado.»
38. Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.»
39. Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí.
40. El que no está contra nosotros está con nosotros.»
41. «Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.»
42. «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.
43. Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
44. Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo;
45. pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
46. Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo;
47. pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno,
48. donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.
49. Pues el mismo fuego los conservará.
50. La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.»
1. Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre.
2. En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?»
3. Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?»
4. Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse.»
5. Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes.
6. Pero, al principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer;
7. y por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa,
8. y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo.
9. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.»
10. Cuando ya estaban en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre lo mismo,
11. y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa;
12. y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio.»
13. Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían.
14. Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
15. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
16. Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.
17. Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»
18. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
19. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20. El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.»
21. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»
22. Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.
23. Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!»
24. Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25. Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»
26. Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
27. Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.»
28. Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.»
29. Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa.
30. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.
31. Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»
32. Continuaron el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados, y los demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para decirles lo que le iba a pasar:
33. «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros,
34. que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará.»
35. Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.»
36. El les dijo: «¿Qué quieren de mí?»
37. Respondieron: «Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria.»
38. Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo soy bautizado?»
39. Ellos contestaron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «Pues bien, la copa que yo bebo, la beberán también ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo;
40. pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido preparado para otros.»
41. Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan.
42. Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad.
43. Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos,
44. y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos.
45. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.»
46. Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un limosnero ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo).
47. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»
48. Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49. Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando.»
50. Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús.
51. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea.»
52. Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; tu fe te ha salvado.» Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
1. ¡Tributen a Yahvé, hijos de Dios, tributen a Yahvé gloria y poder!
2. Devuelvan al Señor la gloria de su Nombre, adoren al Señor en solemne liturgia.
3. ¡Voz del Señor sobre las aguas! retumba el trueno del Dios de majestad: es el Señor, por encima del diluvio.
4. Voz del Señor, llena de fuerza, voz del Señor, voz esplendorosa.
5. Voz del Señor: ¡ha partido los cedros! El Señor derriba los cedros del Líbano.
6. Hace saltar como un novillo al Líbano, y al monte Sarón como búfalo joven.
7. Voz del Señor: ¡se ha tallado relámpagos!
8. Voz del Señor que sacude el desierto; estremece el Señor el desierto de Cadés.
9. Voz del Señor: ¡ha doblegado encinas y ha arrancado la corteza de los bosques! En su templo resuena una sola voz: ¡Gloria!
10. El Señor dominaba el diluvio, el Señor se ha sentado como rey y por siempre.
11. El Señor dará fuerza a su pueblo, dará a su pueblo bendiciones de paz.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
"Invoquemos sempre o auxílio de Nossa Senhora." São Padre Pio de Pietrelcina