Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 105, presenciamos la crucifixión, muerte, resurrección y apariciones de Jesús en Juan 19-21, reafirmando su victoria y su promesa de vida eterna. Proverbios 6:25-35 advierte contra los deseos desordenados y enfatiza la disciplina, la prudencia y la responsabilidad en nuestras acciones diarias.

Capítulo 19

1. Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado.

2. Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura

3. y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara.

4. Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.»

5. Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»

6. Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.»

7. Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.»

8. Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo.

9. Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra.

10. Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?»

11. Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»

12. Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el que se proclama rey se rebela contra el César.»

13. Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal.

14. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.»

15. Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.»

16. Entonces Pilato les entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.

17. Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota.

18. Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.

19. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.»

20. Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego.

21. Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos".»

22. Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.»

23. Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:

24. «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.

25. Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala.

26. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

27. Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

28. Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura.

29. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios.

30. Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

31. Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos.

32. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús.

33. Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas,

34. sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.

35. El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean.

36. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso.

37. Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.

38. Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.

39. También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe.

40. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos.

41. En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido enterrado.

42. Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.

Capítulo 20

1. El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida.

2. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

3. Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro.

4. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.

5. Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró.

6. Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados.

7. El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar.

8. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó.

9. Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos!

10. Después los dos discípulos se volvieron a casa.

11. María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro

12. y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies.

13. Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

14. Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús.

15. Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.»

16. Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro».

17. Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes.»

18. María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.»

19. Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.

21. Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»

22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo:

23. a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»

24. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

25. Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.»

26. Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.»

27. Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.»

28. Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.»

29. Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!»

30. Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro.

31. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.

Capítulo 21

1. Después de esto, nuevamente se apareció Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se hizo presente como sigue:

2. Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos.

3. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

4. Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él.

5. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.»

6. Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces.

7. El discípulo de Jesús al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.»

8. Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca -de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces.

9. Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan.

10. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»

11. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y no se rompió la red a pesar de que hubiera tantos.

12. Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor.

13. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.

14. Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

15. Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»

16. Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.»

17. Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.»

18. En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.»

19. Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.».

20. Pedro miró atrás y vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

21. Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: «¿Y qué va a ser de éste?»

22. Jesús le contestó: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.»

23. Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?»

24. Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad.

25. Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.

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25. No sueñes con su belleza, ni te dejes conquistar por sus miradas.

26. La prostituta no busca más que un trozo de pan, pero la mujer adúltera lo que quiere es una vida preciosa.

27. ¿Se pueden llevar brasas en los bolsillos sin que se queme la ropa?

28. ¿Se puede caminar por carbones encendidos sin que se quemen los pies?

29. Lo mismo pasa con el que va donde la mujer de su prójimo: el que la toca no quedará sin castigo.

30. No se condena al ladrón hambriento que roba para llenar su estómago.

31. Pero si es pillado, tendrá que pagar siete veces más: y en eso se le irá toda su casa.

32. ¡Cuánto más loco el que le levanta al prójimo su mujer! El que lo hace, se pierde a sí mismo.

33. Cosechará golpes y deshonra, dejará en ello su reputación.

34. Porque los celos pondrán furioso al marido; en la primera oportunidad se vengará sin compasión.

35. No aceptará excusa alguna, tus regalos no lo conmoverán.

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"Enquanto estivermos vivos sempre seremos tentados. A vida é uma contínua luta." São Padre Pio de Pietrelcina