Daniel, 3
1. El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de treinta metros de alto por tres metros de ancho, y la colocó en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia.
1. El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.
2. El rey Nabucodonosor mandó a los funcionarios, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, jueces y abogados de toda la provincia, para que se reunieran y asistieran a la inauguración de la estatua
2. Luego mandó reunir a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y a todos los jefes de provincia, para que asistieran a la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.
3. Se reunieron, pues, los funcionarios, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces y todas las autoridades provinciales, para la dedicación de la estatua levantada por el rey Nabucodonosor
3. Entonces se reunieron los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, juristas, magistrados y todos los jefes de provincia, para la dedicación de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor. Y se pusieron de pie ante la estatua erigida por el rey.
4. Un mensajero proclamó con voz fuerte: «Hombres de toda raza, nación y lengua,
4. El heraldo proclamó con fuerza: "A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente:
5. en el momento en que oigan la trompeta, la flauta, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y cualquier música, ustedes tendrán que postrarse y adorar la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor.
5. Apenas escuchen el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor.
6. Los que no se postren y la adoren, serán echados inmediatamente a un horno de fuego ardiente.
6. El que no se postre para adorarla será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente".
7. Por eso, en cuanto se oyó la trompeta, la flauta, la cítara, la sambuca, el salterio, la zampoña y toda clase de música, los hombres de todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor.
7. Por tal motivo, apenas todos los pueblos oyeron el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron para adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor.
8. Algunos magos, sin embargo, fueron a denunciar a los judíos.
8. En ese mismo momento, se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos.
9. Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente!
9. Tomando la palabra, dijeron al rey Nabucodonosor: "¡Viva el rey eternamente!
10. Tú, ¡oh rey!, has ordenado que al oír las trompetas, todos se postren y adoren la estatua de oro,
10. Tú, rey, has ordenado que todo el que oiga el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, tiene que postrarse y adorar la estatua de oro;
11. y que aquellos que no se postren para adorarla sean arrojados en el horno ardiente.
11. y que todo el que no se postre para adorarla, debe ser arrojado dentro de un horno de fuego ardiente.
12. Hay algunos judíos -Sidrac, Misac y Abdénagoa los que has encargado la administración de la provincia de Babilonia, y que no te han hecho caso; no sirven a tus dioses y no adoran la estatua de oro que has levantado.
12. Pero hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido".
13. Enfurecido, Nabucodonosor mandó a llamar a Sidrac, Misac y Abdénago.
13. Entonces Nabucodonosor, lleno de indignación y de furor, mandó traer a Sadrac, Mesac y Abed Negó. Cuando esos hombres fueron traídos ante la presencia del rey,
14. El les dijo: «¿Es verdad que ustedes no veneran a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo he levantado?
14. Nabucodonosor tomó la palabra y les dijo: "¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí?
15. ¿Están dispuestos ahora, cuando oigan el son de la trompeta y demás instrumentos musicales, a postrarse y adorar la estatua que he fabricado? Si no, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente. Y entonces, ¿qué Dios los podrá librar de mis manos?
15. ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios podrá salvarlos de mi mano?".
16. Sidrac, Misac y Abdénago respondieron al rey. Le dijeron: «No necesitamos contestar sobre esto.
16. Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: "No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto.
17. Si nuestro Dios, a quien servimos, quiere librarnos, nos librará del horno y de tus manos.
17. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos.
18. Si no lo hace, tienes que saber que de todas maneras no serviremos a tus dioses ni adoraremos tu estatua.»
18. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido".
19. Entonces el rey cambió de actitud con respecto a ellos y se enfureció. Ordenó que se calentara el horno siete veces más de lo corriente.
19. Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual.
20. Mandó hombres fuertes de su ejército a que los ataran y arrojaran al horno ardiente.
20. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.
21. Y así fueron arrojados con sus ropas, mantos, pantalones y sombreros
21. Entonces estos tres, con sus mantos, sus calzados, sus gorros y toda su ropa, fueron atados y arrojados dentro del horno de fuego ardiente.
22. Como la orden del rey era terminante y el horno estaba excesivamente encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado a Sidrac, Misac y Abdénago,
22. Como la orden del rey era perentoria y el horno estaba muy encendido, la llamarada mató a los hombres que habían llevado a Sadrac, Mesac y Abed Negó.
23. y los tres cayeron, atados, en medio del horno de fuego ardiente.
23. En cuanto a estos tres, Sadrac, Mesac y Abed Negó, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente.
24. Sin embargo, iban por entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
24. Y ellos caminaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25. Y Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así
25. Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
26. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres qque tu Nombre sea alabado y glorificado eternamente
26. "Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, y digno de alabanza, que tu Nombre sea glorificado eternamente.
27. Porque eres justo en todo lo que has hecho ttodas tus obras son verdaderas rrectos todos tus caminos yy verdaderos todos tus juicios
27. Porque tú eres justo en todo lo que has hecho por nosotros, todas tus obras son verdaderas, tus caminos son rectos y todos tus juicios son verdad.
28. Has llevado a efecto una sentencia justa al traer el mal sobre nosotros y sobre Jerusalén, la Ciudad Santa de nuestros padres. Has obrado conforme a la verdad y la justicia, para castigo de nuestros pecados
28. Tú has ejecutado justas sentencias, en todo lo que has hecho recaer sobre nosotros y sobre Jerusalén, la Ciudad santa de nuestros padres. Con verdad y justicia nos has tratado así, a causa de nuestros pecados.
29. Porque hemos pecado y obrado perversamente alejándonos de ti. Pecamos mucho en todo y no dimos oído a tus mandamientos.
29. Sí, nosotros hemos pecado y cometido la iniquidad, apartándonos de ti. Sí, hemos pecado gravemente, no hemos escuchado tus mandamientos,
30. No los observamos y no cumplimos lo que nos mandabas para nuestro bien
30. no los hemos observado ni cumplido, según lo que tú nos habías mandado para nuestro bien.
31. Todos los males que has traído sobre nosotros, todo lo que nos has hecho, lo has hecho conforme a tu justa sentencia
31. Sí, todo lo que tú has hecho recaer sobre nosotros, todo lo que nos has hecho, lo has hecho con toda justicia.
32. Nos entregaste en manos de nuestros enemigos, gente sin ley, pésimos impíos, en manos de un rey injusto, el más perverso de toda la tierra
32. Nos has entregado en las manos de nuestros enemigos, gente sin ley, los peores impíos, y a un rey injusto, el más perverso de la tierra.
33. Y hoy no podemos abrir la boca, la vergüenza y la humillación han alcanzado a los que te sirven y te adoran
33. Y ahora no podemos abrir la boca, la vergüenza y el oprobio cayeron sobre tus servidores y sobre aquellos que te adoran.
34. No nos abandones para siempre, por amor de tu Nombre no rechaces tu alianza
34. No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza,
35. No nos retires tu misericordia, por Abraham, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Israel, tu santo,
35. no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
36. a quienes tú prometiste multiplicar su raza como las estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar
36. a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.
37. Porque, Señor, hemos pasado a ser la nación más pequeña de toda la tierra y somos humillados a causa de nuestros pecados
37. Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
38. En esta hora ya no tenemos rey, ni profeta, ni jefe; no podemos ofrecerte víctimas, sacrificios, ofrendas ni incienso. No tenemos un lugar en que presentarte las primicias de nuestras cosechas y así conseguir tu favor
38. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias,
39. Pero, a lo menos, que al presentarnos con alma contrita y espíritu humillado te seamos agradables, más que cuando íbamos con carneros y becerros consumidos por el fuego y con miles de gordos corderos
39. y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
40. Que hoy este sacrificio nuestro nos consiga tu favor, pues sabemos que los que confían en ti jamás serán defraudados
40. como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.
41. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos dejes en la humillación,
41. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro.
42. sino trátanos de acuerdo a tu bondad y según la abundancia de tu misericordia.
42. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia.
43. Líbranos de acuerdo a tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu Nombre
43. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.
44. Queden confundidos los que maltratan a tus siervos, sean cubiertos de vergüenza, privados de todo su poder;
44. Que sean confundidos todos los que hacen daño a tus servidores: que sean cubiertos de vergüenza, privados de todo dominio, y que su fuerza sea quebrantada.
45. aplasta tú su fuerza, y sepan que tú eres el único Dios y Señor, glorioso por toda la tierra
45. Que ellos sepan que tú eres el Señor, el único Dios, glorioso sobre la tierra".
46. Los siervos del rey, que los habían arrojado al horno, no cesaban de atizar el fuego con petróleo, alquitrán, estopa y sarmientos,
46. Los servidores del rey, que los habían arrojado en el horno, no cesaban de alimentar el fuego con betún, resina, estopa y sarmientos.
47. tanto que las llamas se elevaban por encima del horno unos veinticinco metros,
47. La llama se elevaba hasta veinticinco metros por encima del horno,
48. y al extenderse abrasó a los caldeos que se encontraban alrededor del horno
48. y al extenderse, abrasó a los caldeos que se hallaban alrededor del horno.
49. Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros; empujó fuera del horno la llama de fuego,
49. Pero el Ángel del Señor bajó al horno al mismo tiempo que Azarías y sus compañeros; alejó del horno la llama de fuego
50. y les sopló, en medio del horno, como una frescura de brisa y de rocío, de modo que el fuego no los tocó ni les causó dolor ni molestia
50. y produjo en medio del horno como una brisa, una frescura de rocío, de manera que el fuego no los tocó para nada ni les causó daño ni tormento.
51. Entonces los tres, a coro, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno, y diciendo
51. Entonces los tres, a una sola voz, se pusieron a celebrar, a glorificar y a bendecir a Dios dentro del horno, diciendo:
52. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, alabado y exaltado eternamente BBendito sea tu santo y glorioso Nombre, cantado y exaltado eternamente
52. Bendito sea tu santo y glorioso Nombre, alabado y exaltado eternamente.
53. Bendito seas en el templo de tu santa gloria, cantado y alabado eternamente
53. Bendito seas en el Templo de tu santa gloria, aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
54. Bendito seas en el trono de tu reino, cantado y glorificado eternamente
54. Bendito seas en el trono de tu reino, aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.
55. Bendito seas tú, que sondeas los abismos, que te sientas sobre querubines, alabado y ensalzado enternamente
55. Bendito seas tú, que sondeas los abismos y te sientas sobre los querubines, alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
56. Bendito seas en el firmamento del cielo, alabado y glorificado eternamente
56. Bendito seas en el firmamento del cielo, aclamado y glorificado eternamente.
57. Obras todas del Señor, bendíganlo, alábenlo, ensálcenlo eternamente
57. Todas las obras del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
58. Angeles del Señor, bendíganlo, alábenlo y glorifíquenlo eternamente
58. Ángeles del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
59. Cielos, bendigan al Señor, alábenlo y ensálcenlo eternamente
59. Cielos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
60. Aguas todas del cielo, bendigan al Señor, alábenlo y exáltenlo eternamente
60. Todas las aguas que están sobre los cielos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
61. Potencias todas del Señor, bendigan al Señor, alábenlo y ensálcenlo eternamente
61. Todos los ejércitos celestiales, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
62. Sol y luna aalábenlo y ensálcenlo eternamente
62. Sol y luna, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
63. Astros del cielo aalábenlo y ensálcenlo eternamente
63. Astros del cielo, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
64. Lluvia y rocío aalábenlo y ensálcenlo eternamente
64. Lluvias y rocíos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
65. Vientos todos aalábenlo y ensálcenlo eternamente
65. Todos los vientos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
66. Fuego y calor aalábenlo y ensálcenlo eternamente
66. Fuego y calor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
67. Frío y ardor aalábenlo y ensálcenlo eternamente
67. Frío y heladas, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
68. Rocíos y escarchas aalábenlo y ensálcenlo eternamente
68. Rocíos y escarchas, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
69. Hielos y frío aalábenlo y ensálcenlo enternamente
69. Hielos y frío, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
70. Heladas y nieves aalábenlo y ensálcenlo eternamente
70. Heladas y nieves, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
71. Noches y días aalábenlo y ensálcenlo eternamente
71. Noches y días, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
72. Luz y tinieblas aalábenlo y ensálcenlo eternamente
72. Luz y tinieblas, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
73. Rayos y nubes aalábenlo y ensálcenlo eternamente
73. Rayos y nubes, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
74. Tierra aalábalo y ensálzalo eternamente
74. Que la tierra bendiga al Señor, que lo alabe y glorifique eternamente.
75. Montes y cerros aalábenlo y ensálcenlo eternamente
75. Montañas y colinas, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
76. Todo lo que brota en la tierra aalábelo y ensálcelo eternamente
76. Todo lo que brota sobre la tierra, bendiga al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
77. Vertientes aalábenlo y ensálcenlo eternamente
77. Manantiales, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
78. Mares y ríos aalábenlo y ensálcenlo eternamente
78. Mares y ríos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
79. Ballenas y peces aalábenlo y ensálcenlo eternamente
79. Cetáceos y todo lo que se mueve en las aguas, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
80. Aves todas del cielo aalábenlo y ensálcenlo eternamente
80. Todas las aves del cielo, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
81. Fieras y animales aalábenlo y ensálcenlo eternamente
81. Todas las fieras y animales, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
82. Hijos de los hombres aalábenlo y ensálcenlo eternamente
82. Todos los hombres, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
83. Israel, alábalo y ensálzalo eternamente
83. Israel, bendice al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
84. Sacerdotes del Señor aalábenlo y ensálcenlo eternamente
84. Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
85. Servidores del Señor aalábenlo y ensálcenlo eternamente
85. Servidores del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
86. Espíritus y almas de los justos aalábenlo y ensálcenlo eternamente
86. Espíritus y almas de los justos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
87. Santos y humildes de corazón aalábenlo y ensálcenlo eternamente
87. Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
88. Ananías, Azarías, Misael bbendigan al Señor aalábenlo y ensálcenlo eternamente
88. Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!
89. Porque él nos ha arrancado del infierno, nos ha salvado de manos de la muerte, nos ha librado del horno de ardientes llamas y nos ha sacado de en medio de ellas
89. Den gracias al Señor, porque es bueno, ¡porque es eterno su amor!
90. Den gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia es eterna TTodos los que adoran al Señor, bendigan al Dios de los dioses, alábenlo y reconózcanlo porque su misericordia es eterna
90. Todos los que temen al Señor, bendigan al Señor, al Dios de los dioses, alábenlo y denle gracias, ¡porque es eterno su amor!".
91. Entonces el rey Nabucodonosor, muy asombrado, se levantó de repente y preguntó a sus consejeros: «¿No echamos al fuego a estos tres hombres atados?» Ellos respondieron: «Indudablemente.»
91. El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: "¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?". Ellos le respondieron, diciendo: "Así es, rey".
92. Dijo el rey: «Pero yo estoy viendo a cuatro hombres que se pasean libremente en medio del fuego, sin sufrir ningún daño, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.
92. Él replicó: "Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses".
93. Y Nabucodonosor se acercó a la boca del horno ardiente y dijo: «Sidrac, Misac y Abdénago, servidores del Dios Altísimo, salgan y vengan acá.» Entonces ellos salieron de en medio del fuego
93. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente y, tomando la palabra, dijo: "Sadrac, Mesac y Abed Negó, servidores del Dios Altísimo, salgan y vengan". Y Sadrac, Mesac y Abed Negó salieron de en medio del fuego.
94. Funcionarios, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se acercaron para verlos: el fuego no había tenido ningún poder sobre su cuerpo, sus cabellos no estaban chamuscados, sus pantalones no habían sufrido ningún daño y ni siquiera tenían olor a humo
94. Una vez reunidos los prefectos, los gobernadores y los cortesanos del rey, comprobaron que el fuego no había tenido poder sobre el cuerpo de aquellos hombres, que sus cabellos no se habían quemado, que sus mantos estaban intactos y que ni siquiera el olor del fuego se había adherido a ellos.
95. Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago que envió a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y entregaron su cuerpo al fuego antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios
95. Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: "Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios.
96. Yo ordeno, pues: De toda raza, nación y lenguaje, todo aquel que hable de forma irreverente del Dios de Sidrac, Misac y Abdégano será cortado en pedazos y su casa será destruida porque no hay otro dios que pueda salvar de este modo.
96. Por eso, yo doy este decreto: ‘Todo pueblo, nación o lengua que hable irreverentemente contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, será cortado en pedazos y su casa quedará reducida a un basural, porque no hay otro dios que pueda librar de esa manera’".
97. Y el rey hizo progresar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.
97. Entonces Nabucodonosor hizo prosperar a Sadrac, Mesac y Abed Negó en la provincia de Babilonia.
98. Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, a todas las naciones y a todos los hombres de la tierra, sea cual fuere su idioma: Paz.
98. "El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan sobre toda la tierra: ¡Tengan ustedes paz en abundancia!
99. Me ha parecido bien darles a conocer las señales y milagros que ha hecho en mí el Dios Altísimo.
99. Me ha parecido bien publicar los signos y prodigios que ha realizado en mi favor el Dios Altísimo:
100. ¡Qué grandes son sus prodigios, qué poderosos sus milagros! Su reino es un reino eterno, su imperio abarca a todas las generaciones.
100. ¡Qué grandes son sus signos! ¡Qué poderosos sus prodigios! ¡Su reino es un reino eterno y su dominio dura de generación en generación!