Mosaico decorativo

1. Bajo el reinado de Asaradón volví a mi casa, y me devolvieron a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías. En nuestra fiesta de pentecostés, que es la fiesta santa de las siete semanas, me prepararon un buen banquete, y yo me puse a comer.

1. Durante el reinado de Asarjadón volví a mi casa y me devolvieron mi esposa Ana y mi hijo Tobías. En Pentecostés, que es la fiesta santa de las Semanas, me prepararon un gran banquete y me dispuse a comer.

2. Como la mesa estaba preparada para mí con alimentos abundantes, dije a mi hijo Tobías: "Hijo mío, ve en busca de un pobre de entre nuestros compatriotas cautivos en Nínive que de veras se acuerde del Señor, y tráelo a comer conmigo. Espero hasta que vuelvas".

2. Como había abundantes alimentos dije a Tobías: «Hijo mío, busca entre los desterrados de Nínive, entre aquellos que se acuerdan del Señor, a uno de los más pobres, y tráelo a comer con nosotros. Espero hasta que vuelvas.»

3. Tobías salió en busca de un pobre de entre nuestros connacionales, volvió y me dijo: "Padre". Yo le respondí: "¿Qué, hijo mío?". Replicó: "Padre, uno de nuestro pueblo ha sido estrangulado y tirado en la plaza".

3. Tobías salió en busca de alguno de nuestros hermanos pobres y, cuando regresó, me dijo: «Padre, asesinaron y arrojaron a la plaza a uno de nuestro pueblo y aún está allí.»

4. Me levanté, dejando mi comida, lo saqué de la plaza y lo llevé a una pequeña casa hasta la puesta del sol, en que pudiera enterrarlo.

4. Sin probar la comida me Tobanté y lo lTobé a una casita en espera de la puesta del sol para enterrarlo.

5. Después me lavé y, lleno de tristeza, me puse a comer.

5. Luego me lavé y me puse a comer

6. Me acordé de las palabras del profeta Amós, hablando de Betel: "Vuestras fiestas se cambiarán en luto, y vuestros cantos de gozo en lamentaciones". Y lloré.

6. muy triste, acordándome de las palabras que el profeta Amós dijo contra Betel: «Sus fiestas se convertirán en duelo, y sus canciones en llanto.»

7. Cuando se puso el sol, fui, cavé una fosa y lo enterré.

7. Y lloré. Cuando se puso el sol, cavé una fosa y lo enterré.

8. Mis vecinos se reían de mí, diciendo: "No tiene miedo. Por eso mismo lo buscaron para matarlo y tuvo que huir; y, ahora, otra vez entierra a los muertos...".

8. Mis vecinos se burlaban y decían: «No tiene miedo (pues ya habían querido matarme por algo semejante). Apenas pudo escapar y ya lo hace otra vez.»

9. Aquella noche, después de lavarme, me eché a dormir junto a la pared del patio, con la cara al aire porque hacía mucho calor.

9. Esa noche, después de lavarme, me acosté junto a la pared del patio, con el rostro descubierto, ya que hacía calor.

10. No me di cuenta de que en la pared había golondrinas y, estando con los ojos abiertos, las golondrinas dejaron caer sobre mis ojos sus excrementos calientes, causándome unas manchas blancas. Acudí a los médicos buscando curación; pero cuantos más ungüentos me aplicaban, menos veía, hasta que me quedé completamente ciego. Durante cuatro años no pude ver. Mis hermanos estaban afligidos. Ajicar se preocupó de mi alimento durante dos años, hasta que se marchó a Elimaida.

10. No sabía que arriba de la pared había gorriones, los cuales dejaron caer sus excrementos que, calientes, cayeron sobre mis ojos, causándome manchas blancas. Fui a los médicos para que me sanaran, pero mientras más remedios me ponían, menos veía, hasta que quedé ciego. Estuve cuatro años sin ver. Mis hermanos estaban afligidos; Ajikar se preocupó de mi alimentación durante dos años, hasta que se trasladó a Elimaida.

11. En este tiempo, Ana, mi mujer, se dedicaba a trabajos femeninos,

11. En este tiempo, Ana, mi esposa, se dedicó a trabajar en labores femeninas, hacía tejidos

12. los llevaba a sus clientes y ellos le pagaban. El siete del mes distro terminó un trozo de tela y lo llevó a los clientes. Ellos le pagaron, y además le regalaron un cabrito.

12. y luego se los entregaba a sus dueños, cobrando un sueldo. Un día le dieron además un cabrito para la comida.

13. Cuando volvió a casa, el cabrito comenzó a balar. Yo la llamé y le dije: "¿De dónde proviene este cabrito? ¿No habrá sido robado? Devuélvelo a sus propietarios, pues no tenemos derecho a comer nada robado".

13. Cuando regresó a casa, el cabrito empezó a balar. La llamé y le dije: «¿De dónde salió ese cabrito? ¿No fue robado? Devuélvelo a sus dueños, pues no podemos comer cosa robada.»

14. Ella me respondió: "Es un regalo que me han hecho además del precio fijado". Pero yo no la creí y le ordené que lo devolviera a los propietarios; me avergonzaba por ella. Entonces ella me respondió: "¿Dónde están tus limosnas? ¿Dónde tus buenas obras? Lo saben los que se han aprovechado".

14. Ella me respondió: «Es un regalo que agregaron a mi sueldo.» Yo no creí y me enojé con ella, ordenándole que lo devolviera a sus dueños. Entonces ella me replicó: «¿Dónde están tus limosnas? ¿Dónde tus buenas obras? Contigo hay que soportarlo todo.»



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