Mosaico decorativo

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  • En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. (Eclesiástico 24, 10)

  • En la ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. (Eclesiástico 24, 11)

  • Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. (Eclesiástico 24, 14)

  • En tres cosas se complace mi alma, que son agradables a Dios y a los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre vecinos y marido y mujer bien avenidos. (Eclesiástico 25, 1)

  • Feliz el que vive con mujer sensata, quien jamás se desliza con su lengua, quien no sirve a hombre inferior a él. (Eclesiástico 25, 8)

  • Dame cualquier llaga, pero no llaga del corazón. Dame cualquier maldad, pero no maldad de mujer. (Eclesiástico 25, 13)

  • Preferiría vivir con un león y un dragón antes que con una mujer malvada. (Eclesiástico 25, 16)

  • La maldad de la mujer altera su semblante y oscurece su rostro como el de un oso. (Eclesiástico 25, 17)

  • Toda maldad es poca comparada con la de la mujer: la suerte del pecador caiga sobre ella. (Eclesiástico 25, 19)

  • Cuesta arenosa para pies de anciano es la mujer deslenguada para un marido pacífico. (Eclesiástico 25, 20)

  • No te dejes seducir por la belleza de una mujer, y no la desees. (Eclesiástico 25, 21)

  • Esclavitud, ignominia y vergüenza grande es que la mujer mantenga a su marido. (Eclesiástico 25, 22)


"Deus ama quem segue o caminho da virtude." São Padre Pio de Pietrelcina