Mosaico decorativo

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  • El hombre locuaz es de temer en la ciudad, el que habla sin ton ni son se hace odioso. (Eclesiástico 9, 18)

  • No censures antes de tener pruebas; investiga primero, y después corrige. (Eclesiástico 11, 7)

  • Cuando dice: "Hallé descanso, ahora comeré de mis bienes", no sabe cuánto va a durar esto, pues tiene que dejar a otros sus riquezas y morir. (Eclesiástico 11, 19)

  • No confíes en su vida ni te apoyes en su número, porque es mejor uno que mil, y morir sin hijos que tenerlos malos. (Eclesiástico 16, 3)

  • Le señaló un número preciso de días y tiempo fijo, y le dio poder sobre los seres que en ella existen. (Eclesiástico 17, 2)

  • Y si por falta de medios no puede hacerte mal, en la primera ocasión te hará algún daño. (Eclesiástico 19, 28)

  • Hay modos de hablar que merecen la muerte. ¡Ojalá no los haya en la casa de Jacob! Porque todas estas cosas han de estar lejos de los piadosos, y así no se revolcarán en los pecados. (Eclesiástico 23, 12)

  • El hombre infiel al lecho conyugal, que dice para sí: "¿Quién me ve? La oscuridad me envuelve y las paredes me ocultan; ¿qué tengo que temer? De mis pecados no se acordará el altísimo", (Eclesiástico 23, 18)

  • Porque, primero, desobedeció la ley del altísimo; en segundo lugar, pecó contra su marido; en tercer lugar, se manchó con adulterio dándole hijos de otro hombre. (Eclesiástico 23, 23)

  • Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. (Eclesiástico 24, 14)

  • No acabó el primero de conocerla, ni el último la agotó. (Eclesiástico 24, 28)

  • Dichoso el marido de una mujer buena; el número de sus días se duplicará. (Eclesiástico 26, 1)


"É preciso amar, amar e nada mais". São Padre Pio de Pietrelcina