Talált 2936 Eredmények: Fé
El que los ojos vean es preferible a que el corazón desee. También esto es vanidad y dar caza al viento. (Eclesiastés 6, 9)
En el día de la prosperidad goza de felicidad; en el día de la desgracia reflexiona. Tanto lo uno como lo otro lo ha hecho Dios para que el hombre no descubra nada del futuro. (Eclesiastés 7, 14)
porque el delincuente comete cien delitos, y no le hacen nada; con todo, yo también sé que llega la felicidad a los que temen a Dios, porque lo temen; (Eclesiastés 8, 12)
que no tendrá la felicidad el malhechor, y no prolongará sus días más que como una sombra, porque no teme a Dios. (Eclesiastés 8, 13)
Así pues, alabo la alegría, porque para el hombre no hay bajo el sol otra felicidad que comer y beber y gozar. Y esto le acompaña en su trabajo en los días de su vida que le da Dios bajo el sol. (Eclesiastés 8, 15)
Arrástrame tras de ti: ¡corramos! El rey me ha llevado a sus estancias. Seamos felices y gocemos contigo. Celebremos tus amores más que el vino. ¡Con cuánta razón se enamoran de ti! (Cantar 1, 4)
Confortadme con pasteles de uvas, reanimadme con manzanas, porque enferma estoy de amor. (Cantar 2, 5)
Ella: Yo dormía, pero mi corazón velaba... ¡Una voz! Mi amor me llama: " breme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta; mi cabeza está cubierta de rocío; mis bucles, del relente de la noche...". (Cantar 5, 2)
Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amor, ¿qué le vais a decir? Que enferma estoy de amor. (Cantar 5, 8)
nica es mi paloma, única mi perfecta; ella, la única de su madre, la preferida de la que le dio a luz. Las doncellas la han visto y la han felicitado, reinas y concubinas la han bendecido: Ellas: (Cantar 6, 9)
La sabiduría es un espíritu que ama a los hombres, pero no dejará impunes los labios blasfemos; pues Dios es testigo de sus interioridades, vigilante veraz de su corazón y oidor de su lengua. (Sabiduría 1, 6)
Guardaos, pues, de las murmuraciones vanas, preservad vuestra lengua de maledicencias, porque el dicho más secreto no deja de surtir efecto, y una boca mentirosa da muerte al alma. (Sabiduría 1, 11)