Mosaico decorativo

Talált 4223 Eredmények: Dios Provee

  • ¡Oh Dios, más poderoso que todos!, escucha la voz de los sin esperanza, líbranos del poder de los malvados y quítame este miedo". (Ester 14, 19)

  • Radiante de hermosura, invocó a Dios, árbitro y salvador de todos, y tomó consigo dos doncellas. (Ester 15, 5)

  • Dios entonces cambió en dulzura el corazón del rey, que apresuradamente saltó del trono, la tomó en sus brazos hasta que se rehizo, y animándola con palabras cariñosas le decía: (Ester 15, 11)

  • Ester habló: "Te vi, señor, como un ángel de Dios, y mi corazón se turbó por el miedo de tu majestad. (Ester 15, 16)

  • Y no sólo no se contentan con arrancar del corazón de los hombres los sentimientos de gratitud, sino que, enorgullecidos por los aplausos de los que ignoran el bien, pretenden sustraerse a la justa condena de Dios, que todo lo ve. (Ester 16, 4)

  • y son hijos del Dios vivo, el grande y el altísimo, que nos conserva el reino en estado floreciente, como lo hizo con nuestros padres. (Ester 16, 16)

  • pues su autor y su familia han sido ahorcados en las puertas de Susa en justo castigo que Dios, Señor universal, le ha infligido inmediatamente. (Ester 16, 18)

  • Dios todopoderoso ha querido cambiar en alegría, en favor de su pueblo escogido, el día que debía ser de luto y ruina. (Ester 16, 21)

  • Había en el país de Hus un hombre llamado Job, hombre perfecto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal. (Job 1, 1)

  • Al terminar los días del convite, Job les mandaba llamar para purificarlos; al día siguiente, se levantaba de madrugada y ofrecía un holocausto por cada uno de ellos. Porque pensaba: "Acaso hayan pecado mis hijos y hayan maldecido a Dios en su corazón". Así procedía Job cada vez. (Job 1, 5)

  • Un día que los hijos de Dios fueron a presentarse ante el Señor, fue también entre ellos Satán. (Job 1, 6)

  • Y el Señor dijo a Satán: "¿Has reparado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, hombre recto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal". (Job 1, 8)


"Quanto maiores forem os dons, maior deve ser sua humildade, lembrando de que tudo lhe foi dado como empréstimo." São Padre Pio de Pietrelcina