Mosaico decorativo

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  • Si sus palabras están impregnadas de bondad y dulzura, su marido será el hombre más feliz. (Sirácides (Eclesiástico) 36, 23)

  • Miren a ese compañero que sufre por su amigo mientras se aprovecha para llenarse el estómago: apenas llega el peligro, sólo piensa en ponerse a salvo. (Sirácides (Eclesiástico) 37, 5)

  • El hombre sabio instruye a su propio pueblo: uno puede fiarse de los frutos de su inteligencia. (Sirácides (Eclesiástico) 37, 23)

  • El Señor creó las plantas medicinales que brotan de la tierra: un hombre inteligente no las menosprecia. (Sirácides (Eclesiástico) 38, 4)

  • Si el Señor sublime lo ha decidido así, lo llenará del espíritu de inteligencia. Entonces entregará, como una lluvia, palabras de sabiduría, y dará gracias al Señor en su oración. (Sirácides (Eclesiástico) 39, 6)

  • Mucha gente alabará su inteligencia, la que nunca pasará al olvido; su recuerdo no desaparecerá y su nombre se mantendrá vigente de generación en generación. (Sirácides (Eclesiástico) 39, 9)

  • El dinero para sobornar desaparecerá junto con la injusticia, pero la fidelidad permanecerá para siempre. (Sirácides (Eclesiástico) 40, 12)

  • Los que navegan por el mar nos cuentan sus peligros: ¡se oyen relatos escalofriantes! (Sirácides (Eclesiástico) 43, 24)

  • Le puso una corona de oro por encima del turbante, con una inscripción en relieve: "¡Consagrado al Señor!" Era un adorno precioso, una obra espléndida que atraía las miradas de todos. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 12)

  • ¡Oh Salomón, qué sabio fuiste en tu juventud, igual que un río desbordabas inteligencia! (Sirácides (Eclesiástico) 47, 14)

  • Cuando Salomón fue a descansar con sus padres, dejó como sucesor al más loco del pueblo, a un hombre sin inteligencia: ese Roboam, con sus decisiones, fue el culpable de la revuelta del pueblo. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 23)

  • Luego apareció, como un fuego, el profeta Elías, cuyas palabras quemaban como un antorcha. (Sirácides (Eclesiástico) 48, 1)


"O amor e o temor devem sempre andar juntos. O temor sem amor torna-se covardia; o amor sem temor torna-se presunção." São Padre Pio de Pietrelcina